Ha ganado el reloj, tengo 100 años de soledad, recordando las memorias de mis putas tristes, estas mujeres a las que les dediqué veinte poemas de amor y una canción desesperada,  con las que hicimos de todo hasta jugar a la rayuela; crónicas de esta muerte anunciada, anidadas en la biblioteca de babel soñada por el inmortal.

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