Sufría todos los días al verse reflejada en el espejo del agua clara del riachuelo que serpenteaba debajo de su vivienda. Veía tantas cosas hermosas que deseaba llorar por su extrema fealdad y muchas veces deseo la muerte.

En su interior algo le decía que esperara, paciencia era la palabra. No pasó mucho tiempo cuando empezó a sentir un dolor agudo que le rompía hasta el alma y desde lo más profundo se encomendó a la Madre Naturaleza para que le diera la fuerza y el valor necesarios para resistir.

 

Después de varias horas de lucha contra esas punzadas lacerantes logró romper la prisión que la encerraba y surgió gloriosa como una preciosa mariposa.

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