El hombre más rico del pueblo era, por añadidura, el más feo y envidioso a morir.

Fue a la capital y contrató a ocho matones expertos en artes marciales, lucha libra y toda clase de artimañas y los llevó a su municipio con una sola misión: asaltar a los varones del pueblo en horas de la noche y darles en la jeta para deformarles el rostro y dejarlos más feos que él.

Esto me lo contaron y juraron que era cierto.

Comparte este textoAyuda a que encuentre nuevos lectores.
COMUNIDAD

Comentarios · 0

Lee la conversación alrededor de este texto y participa con respeto.

Todavía no hay comentarios. Puedes iniciar la conversación.