La envidiosa y chismosa mujer, durante toda su vida, asesinó mentalmente a muchos amantes felices, condenó romances prohibidos, destruyó reputaciones y gritó, a cuantos pudieran y quisieran escucharla, que su vida era un paraíso y un ejemplo de virtud, y toda unión ilegal, que eran todas las no bendecidas por la iglesia de Dios, estaba condenada a terminar en los más profundos infiernos.

Tapó a los ojos del prójimo todos los pecados de su esposo y, además, soportó años y años su impotencia, sólo para tener argumentos y sustentar sus tesis de amores ideales. Se suicidó, tragándose la lengua, cuando su hija mayor le confesó que debido a su condición de ninfomaníaca era promiscua. 

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