Quisiera tener las manos calurosas y sanadoras del hijo del sempiterno, sanar las angustias y las enfermedades que agobian a la humanidad, erradicar de la faz del universo cualquier pandemia y pensamiento negativo que ponga en riesgo la tranquilidad. Pero la fe, es el deseo divino de querer que el alma, el espíritu y el milagro nos de salvación, aliviando el dolor intrínseco que angustia al corazón. Por otro lado la ciencia busca más allá desentreñar objetivamente aquello que nos asecha y nos enferma físicamente. En fin; la fe, el alma y el espíritu enlazadas van. La ciencia seguirá descubriendo espacios desconocidos para el ojo común.
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