Yo baje a los oscuros infiernos de la noche,
a buscar la respuesta a mis enigmas,
y recorrí sus calles y avenidas,
perdido entre espectros moribundos
que arrastran sus cadenas mudas.

Quise enderezar mis ilusiones,
como ramas de sauce retorcidas,
y lanzarlos como dardos afilados,
a sus pétreos corazones escondidos.

Yo bajé a sus infiernos rotos,
cubiertos de carmín y soledad fingida,
y caminé por las sendas espinosas
que sus pasos habrían a la tierra.

Y quise salir a respirar,
aire perfumado lleno de pureza,
beber los cielos infinitos,
y estremecerme en la belleza de mi Diosa.
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