Un monólogo es un discurso sostenido por una sola voz. En literatura puede revelar pensamientos, emociones, recuerdos, conflictos o la manera particular en que un personaje interpreta el mundo.
Una de sus mayores posibilidades consiste precisamente en acercar al lector a la perspectiva del personaje. En lugar de describirlo únicamente desde afuera, podemos permitirle hablar, pensar o recordar:
“Camino con determinación hacia él y hacia mi destino. No tengo miedo, tan sólo una leve inquietud que rebosa mi mente. No me preocupa la muerte, no. De hecho, lo que siento en este momento no es preocupación. Más bien es algo así como la exaltación de mis sentimientos. Es el sentir que el fin ya está próximo y, de una u otra forma, encontraré la tranquilidad buscada.”
A través de una voz así, el lector puede conocer no solo lo que ocurre, sino también la forma en que el personaje lo percibe.
El monólogo puede ser breve o extenso. Puede formar parte de una narración más amplia o constituir por sí mismo una obra. También puede utilizarse para presentar recuerdos, describir lugares o personas, introducir información y mostrar contradicciones que quizá el personaje nunca expresaría en diálogo con otros.
Su eficacia depende de que la voz resulte creíble. El vocabulario, el ritmo, las asociaciones y la manera de observar deben corresponder al personaje que habla o piensa.
En narrativa, el monólogo permite que el mundo exterior sea filtrado por una conciencia. Por eso puede convertirse en una herramienta especialmente poderosa para construir profundidad psicológica y acercar al lector al conflicto interior del personaje.
Fragmento de ejemplo tomado de Antagonismo, de Evgeny Zhukov.