Esa noche fue las más oscura y trágica de las noches. Si pudiera volver en el tiempo, hace cincuenta años y corregir todas mis acciones, sería la mujer más feliz sobre la tierra. Deshacer todos esos hilos que fueron tejiéndose invisiblemente en mi destino, como un cruel espejismo que algún ocioso demonio preparó para mí, no dudaría en vender mi alma.
Mi tren desde Frankfurt hacia Dresde se había retrasado. Mi destino, encontrarme con Rudolph para fijar la fecha de nuestra boda y hacer todos los preparativos. En esa ciudad celebraríamos el acontecimiento, ya que allí es donde viviríamos.
Mi ansiedad era profunda. Nunca había pensado que con mis 21 años me casaría. Todo había sido muy precipitado. Tal vez mi embarazo acelero esta decisión. Vi en un instante de tiempo toda mi vida atada a una unión solo por las formas y me aterrorizó, pero no podía echarme atrás y dejar a mi hijo sin un padre. Por lo menos, eso pensaba en aquellos años.
Recuerdo que esa noche hacía mucho frío. Me acompañaba mi prima. Las dos estábamos sentadas en unos de esos bancos de madera existentes en el lugar.
De pronto vimos a un hombre un muy atractivo, alto, rubio y con ojos azulados, que se sentó al frente de nosotras. Me miraba insistentemente casi al punto de incomodarme. No tuve más remedio que decirle:
― Oiga Ud., no sea insolente. ¿Qué quiere?
El joven se incomodó por unos instantes. No sabía a dónde acomodar sus brazos. Con su voz entrecortada nos dijo:
― Disculpen señoritas, no quise incomodarlas. Solo que su rostro me es familiar. Uds. no es Augustine Brauer.
― Sí, lo soy. ¿Quién es Ud. ?.
― Soy Albert Krause; fuimos juntos al colegio.
Me repente todas las imagines de mi adolescencia se vinieron a la mente. Sí, claro, era Albert, el más guapo de los chicos. Él me había confesado su amor por mí en esos años de chiquillos. Ahora la incómoda era yo. Como no lo pude reconocer, me sentí una estúpida. Pero estaba cambiado, su barba insipiente y no sé, todo él, me había confundido.
― ¡Sí Albert ! ¡Cómo no recordarte! Por supuesto.
Comenzamos un intercambio intranscendente de acontecimientos, situaciones vividas y todo lo acostumbrado cuando se encuentra a alguien después de muchos años. La pregunta forzosa surgió.
― ¿Estás casado Albert?
No sé cómo me atreví a preguntarle eso. Un largo silencio se interpuso entre nosotros. Sus ojos me miraron fijamente, con un sesgo de resignación, de alguien que ha aceptado el destino. Casi con un aliento apesadumbrado me dijo:
― No Agustine Brauer. Nunca volví a sentir amor tan profundo como aquel.
Mi voz se astillo. No pude preguntar cual amor, era obvio. Tantos años. Yo casi no lo reconocí y él sentía eso. Podría ser solo un lance aventurero, pensé, pero sus ojos, no me podían mentir. Ese profundo espejo del alma no traiciona.
Casi pude sentir que él deseaba derramar algunas lágrimas, pero era un hombre y eso no se admite en ellos.
Mi prima interrumpió esta conversación con banalidades que sirvieron para salir formalmente del trance.
Luego nos despedimos y eso fue todo.
Si hubiera sido valiente, el solo intentar otros caminos. No sé si me hubiera ido mejor con él, pero por lo menos lo hubiera intentado. Deje pasar el amor o el intento de ello, por cobardía. A veces, solo una palabra, un gesto, o tal vez una mirada, puede cambiar todo un destino, toda una vida.
Esa noche, esa terrible noche, solo fue una mirada al viento.

No es posible ganar la guerra contra el terrorismo. Por más que los políticos prometan desde las tribunas, que le declaren la guerra, que movilicen ejércitos enteros y realicen bombardeos masivos, el resultado será el mismo: no será posible erradicar el terrorismo. Al contrario, mientras más se le ataque, el terrorismo crecerá como el cáncer y hará metástasis en toda la civilización como nosotros la conocemos. ¿Cuál es la razón de tal afirmación? Sencilla: no sabes con quién estás luchando.
El terrorismo es algo intangible, impalpable. Una noción que flota en el aire y a la que se le puede dar la forma que se quiera. Una palabra que reúne un concepto volátil, cuyo núcleo es un elemento más volátil aun: el miedo. El miedo que genera una acción terrorista en el ser humano del común, acostumbrado a la vida tranquila y a un "control" sobre su cotidianidad. El miedo de perder esa tranquilidad, comodidad y seguridad en el día a día.
La mejor demostración de esta afirmación es la "guerra contra el terrorismo" que encabeza, por motivación e iniciativa propia, Estados Unidos de América desde el mes de septiembre del 2001. Hoy[i], después de 14 años de guerra, no hay avance en esta mal llamada guerra. Lo que hay es retroceso y crecimiento de los grupos terroristas a nivel mundial como consecuencia directa de la "guerra contra el terrorismo"[ii]. A medida que más países participen en esta lucha, mayor será el esparcimiento de los terroristas (y por ende del terror) a nivel mundial.
¿Qué es el terrorismo?
De acuerdo a la Real Académica Española (RAE), el terrorismo[iii] se define como:
1. m. Dominación por el terror.
2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
3. m. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.
Como podemos observar, la base de las definiciones de la RAE es el miedo que generan cierto tipo de acciones. Pero estas acciones no nacen en la época actual...
Si recorremos la historia de la humanidad, la misma está plagada con este tipo de actos, realizadas en todo tipo de grupos, etnias, religiones, culturas y sociedades. El fin era y sigue siendo hacerse notar para promover y/o modificar una cultura, forma de pensamiento o comportamiento inevitablemente asociado con el curso del pensamiento de la sociedad. No obstante, hay una característica especial en estos grupos: siempre han sido una minoría. Unas pocas personas que quieren intimidar con un acto criminal en primer lugar a la sociedad y, consecuentemente, presionar a las autoridades.
Cuando un acto de terrorismo sucede tienen lugar dos resultados posibles: rechazo y lucha de la sociedad en contra del acto y los actores; o la sumisión de la sociedad ya sea por evitar la lucha contra los actores por miedo, ya sea por ignorar el suceso por lo mismo. Cuando sucede lo segundo, el que comete el acto terrorista gana. Y aquí siempre primará el factor de ser nosotros seres humanos: el miedo por la supervivencia llevará la delantera en nuestra reacción.
¿Por qué se cometen actos terroristas?
A pesar de que se hable del miedo, el miedo es el fin; no es la motivación. Las motivaciones de los que cometen actos terroristas pueden ser muchas:
1. Demostración de armamento y fuerza.
2. Demostración de la incapacidad de la fuerza pública de proteger a sus ciudadanos.
3. Debilitamiento del estado y su imagen ante el pueblo.
4. Derrocamiento del gobierno o ideología actual.
5. Simple y banal venganza.
6. Crueldad y psique inestables.
7. Creencia religiosa.
La creencia religiosa aplica a TODAS las religiones. Fanáticos hay en todos los credos, y ellos han impulsado y promovido los actos terroristas más crueles de la historia de la humanidad[iv]. Lamentablemente los actos más horribles del ser humano han sido cometidos (y se siguen cometiendo) en nombre de algún dios. Y, por más triste que sea reconocerlo para mí como cristiano, en la historia las mayores colectas de sangre y muerte han sido realizadas en nombre de Jesucristo.
Cuando se comete una atrocidad, un acto de terror, en un principio este logra su meta. Posesiona, a través del miedo, la idea, creencia, sueño, ideología o locura, para tomar control sobre la sociedad. No obstante, es más que probable que una minoría, que se vea obligada a aceptar esta nueva idea por miedo a la represión de la misma sociedad (que a la vez tiene miedo de la represión de los antiguos terroristas que ahora se convierten en líderes legales de la sociedad - legitimizados por ellos y por la apatía de la sociedad) guarde un rencor dentro y, después de algunos años, intente recuperar el poder por los mismos medios que le fue quitado.
Igualmente, durante los actos terroristas las víctimas que sobreviven o los parientes o amigos de las mismas pueden llegar a albergar un sentimiento de venganza sobre los que cometieron el acto. Esto conlleva a la probabilidad de que busquen convertir esa venganza en una realidad a través de un acto igual de terrorista.
Lo más notable de todo es que el que comete el acto terrorista está convencido casi en su totalidad de que está haciendo el bien.
El terrorismo hoy[v]
El terrorismo moderno difiere poco con el de antaño. Han cambiado los medios para cometer los actos. Ahora son más sangrientos, más espectaculares y más mediáticos. La existencia de los medios masivos de comunicación se convierte en motivación esencial para los terroristas, ya que permite llevar su acto de una forma no solo inmediata, sino masificada a la población del planeta[vi]. Sin embargo, siguen siendo los mismos actos terroristas, que buscan el mismo fin.
El modus operandi del terrorismo sigue siendo el mismo de antaño: si no es posible atacar de frente e infundir terror directamente, hay que realizarlo por medio de acciones en "territorio enemigo", en la retaguardia del gobierno y/o cultura que se quiere llegar a intimidar y/o derrocar. Crear la sensación de que nadie está a salvo en ningún lugar del planeta. Atacar los puntos y sitios que se suponían los más seguros. Y hacerlo de la forma más espectacular e impactante posible.
Igual que antes, a los que cometen los actos terroristas no les importa su propia vida ni lo que puedan perder en el proceso. Si han llegado a la capacidad de realizar este tipo de actos, es porque no tienen nada que perder y lo único que pueden es ganar. Este es el factor primordial del porqué no es posible vencer al terrorismo. Si la persona no tiene nada que perder, y tan solo puede ganar (ya sea la guerra o sea un puesto en el cielo - de acuerdo a su creencia), la única forma de vencer es eliminándolo del planeta. Pero es imposible realizarlo en su totalidad al no tener la certeza de quién es terrorista y quién no.
La consecuencia de esta incapacidad de identificar al enemigo lleva a un endurecimiento del gobierno atacado. Restricción de libertades, mayores controles y, en el peor de los casos, la conversión de un estado democrático en un estado dictatorial (lo que en verdad lo único que hace es agravar aún más el problema).
Como líder moral y económico de la OTAN, Estados Unidos vinculó en esta guerra a los países europeos, cuyos líderes (ya sea obligados por la alianza, ya sea por interés personal, ya sea por un deseo real de traer paz a sus países) se vieron sumidos de la noche a la mañana en conflictos en Afganistán, Irak, Libia, Egipto, Siria, etc. La consecuencia fue que tanto EEUU como los países integrantes de la Alianza fueron vistos por los terroristas como objetivos.
La entrada de Rusia en el conflicto de Siria amplió aun más la lista de los objetivos de actos terroristas de los grupos. Ello amplifica exponencialmente los sitios de posibles actos terroristas, ya que incluyen tres continentes: América, Europa y Asia (sin contar los países árabes). Esto hace que las posibilidades de rastrear e impedir los actos de terror sean más pequeñas al ampliarse su campo de acción y la infinidad de lugares y medios en los que los actos pueden ser cometidos.
A pesar de que los medios de información muestran que las acciones militares de los países en lucha contra el terrorismo dan resultados, la triste realidad es que no hacen falta cientos de miles de personas para cometer un acto terrorista. Basta con una sola persona... Y esta persona no necesariamente se encuentra en el país que en este momento se encuentra bajo bombardeo aliado, ya que puede encontrarse en cualquier lado.
¿Es posible vencer el terrorismo?
No es posible vencerlo, pero sí es posible minimizarlo y tenerlo controlado. Desafortunadamente, para la raza humana llegar al uso de la fuerza equivale a una discusión entre partes rivales llevada al extremo. Cuando cualesquiera de la personas que encabezan las partes en conflicto es vencida por la fuerza, por regla general se reconoce al vencedor y el conflicto se considera finiquitado. Así ha sido a través de la historia, cuando las partes en conflicto han sido países, reinos, principados e incluso religiones. Rara vez una guerra ha seguido en curso una vez alguno de los líderes ha sido preso, muerto por causas naturales o dado de baja durante el conflicto.
No obstante, en la "guerra al terrorismo" de hoy, o la guerra contra ISIS, Al Qaeda y demás agrupaciones terroristas este esquema es inaplicable por una sencilla razón: no existe un líder a quien derrotar. No hay una nación específica que este terrorismo represente. El terrorismo practicado por estos grupos se basa más que en ideologías, en emociones básicas del ser humano: odio y miedo. Odio a los que ellos consideran invasores (La Alianza) y miedo de faltar a la versión extremista del Islam que les han inculcado. Por ende este tipo de terrorismo se convierte en una hidra de mil cabezas.
La única forma es tratar de llevar estas agrupaciones a su mínimo posible (porque eliminarlos del todo es imposible) y llevar paz, desarrollo y tecnología a las regiones afectadas por las décadas de guerras y conflictos. No obstante ello requiere una cooperación internacional en todos los ámbitos.
El antagonismo de intereses personales y nacionales de Estados Unidos, OTAN, Unión Europea, Rusia y China no facilita para nada llegar a un acuerdo sobre las regiones en conflicto. Cada país defiende sus intereses en primer lugar y poco piensa en los demás.
El aumento de la intensidad de los ataques contra las bases de los grupos terroristas y el cerco que comienza a las fuentes de su economía permitirá reducirlos y desanimar a muchos integrantes a formar parte de estas agrupaciones. Con esto se recuperará territorio que deberá ser adecuado, en el menor tiempo posible, para que los civiles que han huido a otros países regresen a sus lugares de origen. No obstante estamos hablando de años (sino de décadas) para que esto pueda ocurrir.
La mejor forma de tratar el cáncer del terrorismo es educando a los que puedan ser objetivo de los reclutadores de estos grupos terroristas. Pero ello requiere de una participación no solo en los países europeos, sino también en los países árabes y musulmanes. Bajo este esquema, al quitar "carne de cañón" a estos grupos, decrecen sus posibilidades de acción.
Igualmente ello requiere la participación del ciudadano común de Europa, Estados Unidos, Rusia y demás países que se consideran a sí mismos como civilizados. Esta participación ha de reflejarse en la diferenciación entre extremista y musulmán. Poco tienen en común. Y aquellos que generalizan satanizando a los musulmanes porque los extremistas son musulmanes, lo que hacen es crear caldo de cultivo para nuevos terroristas.
Una triste conclusión
El camino que tiene que recorrer la humanidad va a ser difícil. Para ganar la guerra al terrorismo, primero hay que vencer la propia soberbia y aceptar que otros tienen derecho a existir. El rechazo, la humillación, la superioridad y condescendencia con la que tratamos a los representantes de otros grupos étnicos, religiosos y culturales fomentan que aparezcan este tipo de extremistas que, tarde o temprano, se convertirán en terroristas cuya única forma de expresar su rabia, inconformidad y dolor, sea el acto del terror.
No hay que apoyar ni aceptar a medios que fomenten este tipo de odios. Charlie Hebdo es un ejemplo de este tipo. Hay mucha diferencia entre libertad de prensa y libertinaje de prensa; entre sátira y sacrilegio; entre periodismo y calumnia. Al aceptar, ignorar o apoyar este tipo de medios, nosotros mismos fomentamos que el terrorismo se extienda.
También hay que participar en el proceso político que ocurre en cada país. Hoy el ciudadano ha relegado la participación política a sus representantes, acordándose de que vive en una democracia cada cuatro años, por un día. Los políticos son seres humanos como todos. Y como todos, son susceptibles a equivocarse en sus decisiones. Para ello requieren de la participación y control ciudadano durante su gobierno.
Pero la tendencia ha sido permitir, en muchos casos, que los políticos tomen decisiones que socavan integridades de otros países sin pensar en que este tipo de acciones, por ser injustos y de injerencia, también fomentan la aparición del terrorismo. Y quienes va a sufrir por este terrorismo son precisamente los ciudadanos que decidieron obviar su participación en decisiones de tal importancia.
El terrorismo no se puede vencer, pero se puede curar. El terrorismo es una enfermedad mental y espiritual, que nace del odio, rechazo y miedo generado por muchas causas. Pero para ello requiere que usted, el individuo, deje de sentir miedo. Deje de sentir odio y superioridad existencial. Comprenda que el prójimo requiere de amor, así como usted también de él requiere. Comprenda que todos tienen derecho a existir y no hay que desear lo que otros tienen. Y, sobre todo, participe en la vida de su familia, sus vecinos, su ciudad y su nación; para que de esta forma se minimice la posibilidad de cometer errores en las decisiones del gobierno, como los que han llevado a la aparición de los grupos terroristas que hoy tienen al borde de una guerra global al mundo entero.
[i] Este artículo fue terminado de escribir el 21 de noviembre del 2015.
[ii] Al identificar EEUU a determinados países como lugares en los que se ocultan los terroristas, los ciudadanos de estos países automáticamente se convirtieron en sospechosos de ser o albergar a terroristas, a pesar de que en el 99.9% de los casos no lo eran. Las vejaciones, humillaciones y ultrajes que sufrieron estos ciudadanos los llevaron a ver las acciones de los terroristas como justas, llevando a su conversión y adhesión a los grupos terroristas, engrosando sus filas en lugar de disminuirlas. El caso más emblemático es Afganistán, ya que EEUU invadió este país buscando a Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda, quién finalmente fue encontrado y abatido en Paquistán. Cabe anotar que EEUU lleva en Afganistán desde 2001 y aun no ha salido de este país a pesar de haber cumplido su cometido inicial en el 2011.
[iii] http://dle.rae.es/?w=terrorismo&o=h Consulta realizada el 20 de noviembre del 2015.
[iv] Los fanáticos religiosos responsables de las mayores atrocidades asociadas con el terror pertenecen, por regla general, a las tres principales (por cantidad de creyentes a nivel mundial) religiones monoteístas (incluyendo a las sectas que de ellas derivan): Hebrea, Cristiana y Musulmana (ordenadas por antigüedad).
[v] A pesar de que la tendencia es vincular a los grupos terroristas de religión musulmana como ISIS o Al Qaeda con el terrorismo actual, no hay que olvidar las acciones de agrupaciones como ETA, IRA, FARC, AUM, entre muchas otras que nada tienen que ver con la religión musulmana y los actos cometidos por ellos vienen asociados a motivos totalmente distintos a los musulmanes (pero no por ello menos sangrientos o terroríficos).
[vi] La responsabilidad de los medios de comunicación en el crecimiento de los actos terroristas es innegable. Al permitir la emisión de las imágenes del acto terrorista, transmite miedo a la sociedad sin control. Esto lleva a que sociedades enteras sean tachadas de "terroristas", aunque los que hayan cometido el acto sea una minoría que no representa esta cultura y/o sociedad. Permite que los grupos terroristas ganen adeptos, obtengan un reconocimiento a nivel nacional e internacional.

La luz del sol me cegaba, caminaba para llegar a un destino, el destino de todos los días. La calle tenía vida propia por la gente que en ella transitaba; los carros pitaban, las miradas no se cruzaban, la gente caminaba sin pensar que nada de ellos dependía.
Me preguntaba sin hacerlo: dónde estabas, cuál era tu dirección, sin saber en dónde andabas. Tu existencia para mí no valía, no valía como eso que no es nada sin que alguien lo haga algo. No estabas porque no existías, no existías para mí, no existías para el mundo, solo existías para ti. Por qué preguntarme sobre ti, si no te cruzabas en mi camino, si no te veía, si no te sentía. Mañana es otro día que quizás la premie con su presencia, con su mirada, se decían aquellos que de lejos nos veían.
…
Lo predicho ocurrió, el mañana me premio con tu presencia, pero no fue en un día soleado sino en una noche de tormenta. Transitaba en la calle de regreso a casa, cuando la lluvia comenzó, apresure el paso para no empaparme, el resfriado no me iba a dejar terminar todo el trabajo que tenía. Allí estaba la otra acera, solo tenía que cruzar la calle y tratar de esquivar ese hueco de la carretera, ¡qué gran hueco! Como un túnel sin fondo, había comentado esa mañana otro peatón. Corrí para no seguir entreteniéndome con la lluvia que mojaba mi cuerpo, esa agua refrescante que no me haría bien mañana, pero que ahora alegraba mi noche. Corrí, traté de esquivar el hueco pero, efectivamente, era un túnel sin salida. Una luz me encandilo justo en el momento en que sentí un fuerte golpe que me lanzó lejos; sentí que un rostro se acercaba al mío cuando todo terminó por esa noche para una peatona más de la calle 10.
…
Y si te digo hola o te pregunto tu nombre. No, mejor sigo mirándote dormir en ese sillón, mejor sigo espiando tu respiración; la leve luz de la habitación ensombrece tu cuerpo, tu alma. Sin nombre te ves mejor, sin pasado, presente o fututo eres más atrayente. Si pudiera acercarme, pero este dolor en mi costado no me deja levantarme. ¡Qué hermoso cabello negro! Ondulado como las olas del mar, ¡Qué hermoso rostro claro! ¡Qué tonta soy! ¡Qué tonta me siento desde aquí! Por qué pienso esto, no debería, no tienes nombre, no tienes identidad. Abre tus ojos, regálame una mirada desconocida, un susto desconocido para mí. ¡Sí! Eso sentiría si abrieras tus ojos, miedo de ti, miedo de quien eres; no porque representarás algún peligro, porque algo me dice que no me harías daño, sino porque me da miedo lo que eres, lo que sientes, lo que amas, lo que en ti se esconde, porque al final puedes ser lo que más ame u odie en la vida. Mas puede ser peor y seas cualquier cosa, algo que no me importa.
Tengo sueño, mis parpados se cierran, mi alma se desvanece, no quiero dejarte de ver pero ya no puedo más. No te vayas sin despedirte, no me dejes sin saber tu nombre, no me dejes sin ver tu alma en una mirada… No me dejes, no lo hagas, aunque algo me dice que no estás allí, que nunca has estados ni estarás, no me dejes, no lo hagas…
…
Esa mujer que va allá, esa que viste un ordinario uniforme de enfermera me dijo que te habías ido al amanecer; que habías pagado todos los gastos y que ya podía irme a casa. También me dio este pedazo de papel, donde se aprecia la palabra “disculpa”, solo eso me dejaste. Por qué te tuve que ver dormir anoche, por qué te espié, por qué abrí mis ojos para verte, por qué no seguiste inexistente para mí, para mi mundo. Ahora te has ido, así como llegaste, sin nombre, sin identidad, sin mirada.
La calle está igual que ayer, con tantos transeúntes que no me dejan caminar sin tropezar con sus cuerpos, ese roce que corta mi comunicación contigo. ¡Lárguense! Quiero gritarles, ¡Déjenme en paz! No tienen derecho a interrumpirme, no tienen derecho a existir si yo no quiero que lo hagan. No te preocupes, ellos no cumplirán su objetivo, no van a sentirse en paz por un final que no quiero que sea el mío ni el tuyo. Sus intenciones son las mejores antes sus ojos, las correctas, pero qué con las mías, qué con mi interior, qué con esto que no quiero que salga del túnel de mi corazón. Todo estará bien mientras siga en este mundo, en el mundo donde tú existes para unos y para otros no.
…
Si me miraras, si me dijeras tu nombre, si pudiera escuchar tu tono de voz, todo fuera diferente. ¡No! Mejor no digas nada, escúchame sin verme, sin existir para este señor que me acaba de rozar el hombro. Eres este momento que ya pasó al pronunciar su nombre (momento), eres eso que desconozco, eres eso que no estoy segura que le gustaría escuchar esto, eres eso que es diferente a mí, eres eso a lo cual estas palabras fastidiarían, eres eso que no me miraría. Entonces me pregunto: para qué habló contigo si no existes, si no estuviste nunca a mi lado. Aquellos que hablaron se equivocaron, no me premiaste con tu presencia, ni con tu mirada. ¿Para qué seguir? si no existo para ti. En una ciudad tan grande, en un país enorme, en un mundo inmenso, en un universo infinito: ¿qué podría hacer que nos cruzamos en el camino?, aquella magia de anoche se esfumó en el momento en que yo le coloque mi firma de autor…

Sobre la mesa, el pocillo de café humeante.
Giro la cabeza y a través de la ventana veo la esquina. Vuelvo a mirar el pocillo y tomo un sorbo, levanto la vista, y colgada de la pared está la propaganda de Geniol, ese pelado, que a pesar de tener la cabeza atravesada por mil clavos no deja de sonreír. A su izquierda, enmarcado con molduras color oro, el pergamino que firmamos por los cincuenta años del bar.
Comienza a llover otra vez y la gente se apretuja bajo el techo de la parada del colectivo. Veo a mi viejo, sentado en la misma silla de siempre, en la misma mesa de siempre, junto a la ventana de siempre, como lo hicimos por años, como lo hago hoy yo. Un Imparciales, haciendo equilibrio para no caerse del cenicero, si hasta puedo sentir el olor acre de los cigarrillos negros. Lo apaga, termina el vaso de ginebra de un trago y después de palmearme el hombro se va. Así, sin decir nada, dejando el sobre del laboratorio arriba de la mesa.
Vuelvo a mirar por la ventana y sigue lloviendo.

Para los cristianos católicos, el domingo llamado precisamente de Ramos, la Pasión del Señor abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas a la entrada de Jesús en Jerusalén; liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Mateo.En ese día domingo 16 de marzo de 2008, que nos invitaba a los cristianos al testimonio y a la misión llamada pascua florida, de pasión gloriosa y amorosa de Cristo Señor en la Semana Santa. A pesar de las predicciones meteorológicas, otros cristianos colombianos, optaron por trasladarse a la ciudad de "Cúcuta", para acudir a la gran convocatoria de los pueblos latinoamericanos; evento organizado de convivencia en paz que se iba a llevar a cabo cerca de la frontera con el país de “Venezuela".
Sin alucinógenos ni bebidas alcohólicas, solo dispuestos con su presencia dejar un precedente en alto ante el mundo, que "Colombia" entera está cansada de tanta injusticia social, de tanta violencia; que solo se requiere de la paz; para convivir felices en su seno fraternal. Para ello se armaron de valor y coraje de patriota, y como fuera se trasladaron al sitio de encuentro, llevando en vez de "armas", ramos y palmas: camisetas blancas, banderas y pancartas alusivas al suceso, claveles blancos, bloqueadores solares, gafas oscuras y gorras multicolores para protegerse del sol; así mismo, se proveyeron de abundante agua, para evitar la insolación y la deshidratación; pues el calor que hace en ésta región es muy intenso. Tanto así, que antes de comenzar el concierto muchas jóvenes y adultos se desmayaron debido a la multitud y al intenso calor.
Fue una incólume manifestación del poder de acción colectiva de todo un pueblo inconforme, los que acudieron a la cita del "domingo de ramos" a este inhóspito lugar; una explanada de aproximadamente tres hectáreas entre la orilla del rio Táchira y la parte baja del costado izquierdo del puente Internacional fronterizo Simón Bolívar; la enorme mancha blanquecina, formada por una multitud de personas casi todas vestidas con cómoda ropa de lino blanco, convirtió esta comarca en el escenario pleno de un concierto histórico al aire libre.
Sin los efectos radicales de que fue objeto el festival de música rock y arte de Woodstock “madre de todos los festivales” en cuestión de sexo y drogas ocurrido en agosto de 1969, justo cuando el movimiento hippie estaba en auge; en su momento este se organizó en los terrenos de Max Yasgur, un granjero que prestó sus tierras para la celebración del evento en las afueras del pequeño pueblo de Bethel del estado de Nueva York, bajo el lema de "3 días Paz y Música" en reacción a las agresivas políticas bélicas que adoptó el país durante la Guerra de Vietnam, convirtiéndose en la primera guerra perdida por Estados Unidos.
Como una onda explosiva, cundió la convocatoria de Juanes artista colombiano de renombre internacional a la voz del pueblo a estar presentes y celebrar el fin de una crisis diplomática andina, con un concierto cuyo lema sería "Paz sin fronteras" el que terminó siendo el espectáculo artístico que rebasó las cinco horas, convirtiéndose desde ya en un suceso histórico sin precedentes, tanto por la magnitud de personas asistentes, como por la repercusión internacional.
Este concierto con la iniciativa de Juanes fue un gesto humanitario donde el mensaje principal fue “fortalecer la esperanza” aseguró el cantante, criticado por algunos en el extranjero y apoyado por otros. "Este concierto es un gesto humanitario. Necesitamos fomentar la esperanza y el sueño. El arte tiene que ser un arma poderosa de paz, por encima de diferencias". Causas políticas o humanitarias del mismo tipo, han servido de excusa quizás para organizar otros conciertos como: Bangladesh, Lavi Aid y Leve Earth, que en varias ocasiones, artistas importantes del mundo se reúnen al unísono para unir sus voces en favor o en contra de alguna situación candente en el mundo en un mismo escenario
Para este evento Colombiano, además de las cerca de 250 mil personas que aceptaron la invitación de Juanes, para acompañarlo y cantar junto con sus artistas virtuosos de la música de talla internacional invitados por la "Paz en las fronteras" Algunos abandonaron sus compromisos y para llegar al sitio de reunión debieron tomar hasta cuatro aviones y luego después del concierto, otros lloraron emocionados al despedirse antes de regresar hacia sus países de origen. A la marea blanca del puente fronterizo entre Colombia y Venezuela en concierto por la paz, asistieron por Colombia Carlos Vives, por Venezuela, Ricardo Montaner, Ecuador, Juan Fernando Velasco, República Dominicana, Juan Luis Guerra y por España, Miguel Bose y Alejandro Sáenz.
A la 1:15 PM, veinticinco niños colombianos del grupo de coros "Soñando" y los venezolanos del grupo de "Cámara popular" de San Antonio del Táchira, habían dado apertura al concierto más grande que ha tenido Colombia y Latinoamérica. Fueron más de cuatro horas de euforia en el ambiente; música, canciones, sudor y lágrimas con todos ellos en concierto, quienes también estaban vestidos de blanco. La gente enardecida los ovacionó y emotivos les tiraron flores blancas; vibrando con ellos y su música hasta la saciedad.
Por creer practicar y expandir los principios y valores espirituales, morales universales, y en particular por aplicar el principio básico de "Vivir por el bien de los demás" la crítica mundial, llamo a estos personajes de la farándula como "Cancilleres de Paz".
Los helicópteros de la Policía Nacional, pausados y misteriosos sobrevolaban vigilantes la zona en medio del sofocante calor; provocando desde el aire una leve llovizna de claveles blancos que caían del cielo como un enjambre de errantes mariposas blancas sobre la muchedumbre.
El constante rociado de agua provenida desde las mangueras de los carros de los bomberos; refrescaban a la multitudinaria y apoteósica concurrencia delirante, que sin cesar repetían a todo pulmón cada una de las letras de las canciones y al compás de la música del cantante de turno. Esos momentos hicieron que evocaran un pasaje bíblico, del éxodo vivido por los israelitas después de haber sido liberados de la esclavitud de los egipcios. Ese día al pueblo israelita le aumentó su fe en Dios y reafirmo la confianza en su libertador que era Moisés su profeta.
Otro tema que quedo claro, es que las voluntades de los pueblos no siempre coinciden con los de sus gobernantes. La conclusión a este episodio, es que la voz del pueblo es la voz de Dios, aunque los políticos que están sordos de arrogancia, sobre todo los gobernantes, no la quieran escuchar haciendo caso omiso a la unidad profunda entre el proyecto salvífico de Dios y las aspiraciones del hombre que propicia una educación personalizadora, liberadora y comunitaria. De allí que el aforismo de que la voz del pueblo es la voz de Dios, se ha interpretado siempre conforme a las conveniencias de cada quien. O sea que según el caso se le da un valor absoluto y dogmático, o sólo se le reconoce una razón relativa, de acuerdo con la advertencia de Séneca retomada por Alcuino de York.
