Pero el panorama se puede oscurecer aun más…
¿Sabían ustedes que una sola erupción de un volcán produce una cantidad de CO2 equivalente a la que produce anualmente toda la humanidad? Es decir, la [[Naturaleza]] misma, en todo su esplendor, puede y produce todo el CO2 que le venga en gana, sin pedir permiso a los seres humanos. Además, el CO2 viene relacionado con el enfriamiento global – no con el calentamiento. Para aquellos que me dicen que estoy loco, les recomiendo que miren la falsamente exagerada, pero con bases ciertas, película “2012”. Cuando el cielo lo tapa el humo (CO2) y los rayos del Sol no llegan a nuestra pobre Tierra, ¿qué es lo que ocurre? Correcto: enfriamiento. Otro ejemplo, recuerden cómo desaparecieron los dinosaurios: gracias al frío que generó la oscuridad formada después del choque de un cometa o meteorito en el actual Golfo de México. ¡Eso sí que fue generar contaminación y CO2! A tal punto, que durante algunos años no se vio el Sol en el planeta.
¿Cuántos volcanes activos hay en el planeta actualmente? ¿Alguien sabe la cantidad de CO2 que emiten entre todos ellos diariamente? No lo sé, pero creo que esa cifra sería sorprendente y bastante reveladora.
Y todo lo anterior lo saben muy bien los representantes de nuestros respectivos gobiernos. Por eso sus discursos sobre el calentamiento global, la contaminación y la destrucción de nuestro planeta son tan generalizados, vagos y proyectados a un futuro cada vez más y más lejano. Todos nos dicen lo mismo: estamos mal y hay que corregirlo. Pero cómo hacerlo se cuidan de decirlo y, si por error lo dicen, jamás lo ponen en práctica…
Lo mejor del cuento es que todo esto tiene solución. Simple, sencilla, directa. Requiere sacrificio, trabajo, ética, responsabilidad, amor, valor, honor, calidad, compromiso, paciencia, tiempo, respeto, trabajo en equipo, educación y, por encima de todo, independencia.
Es más, la solución no sólo salva el planeta, sino también evita todas las guerras, elimina las clases sociales, las diferencias étnicas y el escalafón de “países con pedigrí y sin pedigrí” (mi interpretación libre y personal de países de primer mundo y el resto). Se acabarían las guerrillas, desaparecerían los grupos terroristas y los atentados a nivel mundial. No habría necesidad de armas, ejércitos, soldados. La [[democracia]] existiría en verdad. Y, lo más importante de todo, es que desaparecería la caterva de burócratas que complican la vida de todos y cada uno de nosotros.
¿Suena idealista? Sí.
Y la verdad lo es, ya que ninguno se atrevería a tomar esta salida, ya que requiere de un cambio abrupto y total. Sin embargo, como dice mi frase favorita: “lo constante se torna cómodo” y, pensando en nuestra comodidad, gritamos que “necesitamos un cambio”, pero esperamos a que sean otros quienes lo hagan para nuestro bienestar.
La solución es un cambio en el estilo económico y un replanteo de los valores materialistas que tenemos hoy en día. Implica una eliminación de nuestro estilo de vida. Un… llamémoslo: “fin de la civilización como la conocemos”, para utilizar el cliché. Y no sería la primera vez.
El modelo que utilizamos es una evolución del sistema desarrollado por los griegos hace casi 3000 años y perfeccionado por el imperio romano hace más de 2200 años. ¿No les parece que está un poco pasado de moda?
Sabemos que el sistema social, político y económico que rige el mundo actual es el responsable del comportamiento destructivo del ser humano para con el planeta. Ese sistema era útil y aplicable cuando la tierra “no estaba domada” y había vastas extensiones sin explorar. Se podían eliminar pueblos y civilizaciones enteras sin problema, ya que no compartían “la democracia y la libertad” y eran declarados “terroristas”. Además, el tener creencias distintas era la excusa perfecta para “rendirle tributo a Zeus” y “enseñar” a las pobres ovejas descarriadas a los verdaderos dioses. Si se atrevían a replicar, les enseñaban que Hades sí existe. Todas estas actividades requerían de explotación minera, tala, destrucción, quema, muerte, asesinato, envenenamiento y contaminación exhaustiva, para llevar la libertad y democracia a las tierras arrasadas y libres de aborígenes.
Pero hoy la Tierra ya ha sido explorada y los seres humanos viven en todos sus rincones. La democracia es el pan de todos y, donde no lo es, como bien lo sabemos, es donde se esconden los terroristas, el eje del mal, los que atentan contra la libertad, democracia y, por encima de todo, contra la libre economía. Esto nos lleva a la necesidad de generar un cambio en el comportamiento del ser humano para, como pretenciosamente dice Greenpeace, salvar el planeta.
Oigan bien: el planeta NO necesita ser salvado. El planeta se puede cuidar solito. Lo hizo muy bien sin nosotros durante millones de años. Después de nosotros, lo hará igual. Los que necesitamos ser salvados, somos nosotros, los seres humanos. ¿De quiénes? De nosotros mismos.
Si somos los causantes de la destrucción, somos la solución. ¿Cierto?
El cambio climático es algo real y no se puede detener. Simplemente hay que aceptar el suceso como algo que forma parte de la vida y el ciclo del planeta (el cual se mide en miles de años), en el cual los seres humanos tan sólo somos los representantes de época que parece estar cerca de su ocaso, así como los dinosaurios lo fueron una vez de la suya.