Allí en mis brazos dejó de mirarme para luego helarme, pudiendo entonces entender que era un ángel cuyo mensaje tenía yo grabado en los labios. Su cuerpo dejo el mío y se elevó, y el tiempo nuevamente retomó su ritmo. Mis padres que detrás mío miraban también lo sucedido me llamaban por mi nombre que ahora me parecía hermoso. Pude entonces volver la mirada y

sonreírles para nuevamente voltear y verla recostada sobre el airbag, muerta y mirándome.


Pronto fue sacada mientras muchos espantados se preguntaban por la eficacia de la bolsa mágica. Yo entonces reía y reía sin importarme las disgustadas caras y los retos de una vieja que se persignaba. Al mirar hacia arriba me pareció verla junto a la solitaria nube que ahora habitaba el azulado cielo que cubría mi cabeza. Di media vuelta recordando el gusto salado de

sus labios y me perdí en un pasaje mientras la ambulancia dejaba atrás su triste llanto.

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