"Humedad...llovizna y frío; mi aliento
empaña el vidrio azul del viejo bar.
No me pregunten si hace mucho que la espero,
un café que ya está frío
y hace varios ceniceros."
Los tres hombres sentados también comienzan a hacerlo siguiendo la voz de quien comenzara con la letanía.
"Aunque sé que nunca llega, siempre
que llueve voy corriendo hasta el café
y solo cuento con la compañía de un gato
que al cordón de mi zapato lo destroza con placer."
Las demás voces murmuran la canción tantas veces oída y que ahora los reúne en torno a una mesa, tres hombres y el cadáver del amigo.
"Café "La Humedad", billar y reunión,
sábado con trampas, qué linda función!
Yo solamente necesito agradecerte
la enseñanza de tus noches
que me alejan de la muerte.
Café "La Humedad", billar y reunión,
dominó con trampas, que linda función!
Yo simplemente te agradezco las poesías
que la escuela de tus noches
le enseñaron a mis días.
Todos miran con ojos rojizos, todos cantan con la voz quebrada, todos participan en el adiós al bohemio de noches frías y de adioses fugaces, todos dicen adiós. Castaños, Meruvia y Guiness se toman de las manos y cantan ahora más fuerte que todos los demás, mientras las lágrimas ruedan por sus mejillas.
Soledad... de soltería, son treinta
abriles ya cansados de soñar;
por eso vuelvo hasta la esquina del boliche
a buscar la barra eterna de Gaona y Boyacá.
Vamos, muchachos, esta noche a recordar
una por una las hazañas de otros tiempos
y el recuerdo del boliche que llamamos "La Humedad"
Fuera de allí, mientras los acordes de las voces cansadas y tristes despiden y recuerdan una vida en un tango, en la ciudad ha comenzado a llover.