En mi estado actual, nunca llegué a casarme, para mí, una mujer solo era un objeto sexual que servía para dar salida a mis necesidades fisiológicas. Las demostraciones de amor y afecto que me brindaban todos aquellos con los que llegaba a intimar, las veía como una cosa irracional y fuera de forma. La música, la poesía, un hermoso(para los demás) cuadro, no me llamaban la atención. Cuando alguien se extasiaba ante la vista de un ocaso frente al mar, un gesto desdeñoso de mi parte tenía como respuesta, yo solo veía el proceso óptico y químico que se había desarrollado para tener esa visión ante mi vista.
El amor que profesaban los padres a sus hijos, yo lo veía como una aberración de la naturaleza. Y, sí, ya lo había comprendido todo. Yo era un Ser racional en todo el estricto sentido de la palabra, pero, si no lograba comprender la grandeza de la vida. El milagro de la Naturaleza. El amor a las pequeñas grandes cosas. Si no lograba extasiarme con la belleza que me rodeaba, entonces, en mi creación había habido un gran error. Yo solo era un monstruo, un Ser híbrido entre robot y humano, una mala copia de algo perfecto que había creado la Naturaleza. No se me habían insertado en mis neuronas los sentimientos. ¡No se me había dotado de alma! Por suerte, el arma que guardo siempre en mi escritorio me servirá de algo. Cuando encuentren junto a mi cadáver esta nota, sabrán cual fue la causa de mi suicidio.