Sobre la cumbre de un cerro esperan los hombres-halcon, escondiendo sus alas para solo aparentar ser hombres, tienen un plan para detener al mago que se convierte en nube, lo saben porque las aves se los contaron. El mago se acerca sin aparentar que los ha visto, los hombres-halcon se alistan, el mago sonríe, y sin que los hombres halcón puedan distinguirlo, toma una de las ramas que cuelgan de su ropa y la deposita en el suelo, mientras murmura extrañas palabras y antes que los hombres-halcon puedan reaccionar, por el suelo corren veloces como el rayo las raíces un árbol tan negro como el alma  del mago; sujetan los tobillos de los hombres-halcon y crecen enredándose en sus cuerpos, los hombres-halcon extienden las alas para querer volar pero ya es tarde, las ramas los sujetan al piso cerrándose en si mismas. Los hombres-halcon yacen atrapados entre las ramas del infernal arbusto y el mago continúa su camino. Sabe que ya no podrán detenerlo.
 
El hombre mira con desprecio las altas torres de Loria, blancas como la nieve, reflejando el gris cielo como si fueran un espejo. Toma el maléfico arco y lo tensa mientras murmura extrañas palabras, lo dirige hacia la torre mas alta y mas blanca de todas, cuando suelta la cuerda de ella sale despedida una flecha que zumba como el grito desesperando de alguien que agoniza, la torre desaparece y el mago sonríe, el sabe que no han podido detenerlo.