Una vez más había empezado a llover y ya como de costumbre, debía entrar la ropa. Esta vez, tres pares de medias, dos calzoncillos, una camisa de su padre y una falda de su hermana, esperaban ser recogidos de la cerca. Curioso que siempre que aquel vecino quisquilloso de en frente llegaba, comenzaba a diluviar como si sus animales tuvieran amigos visitantes. PPor qué le molesta ver nuestra ropa? Viejo andropáusico, debería dejarnos ya en paz. La dejaría ahí tan sólo para no darle el gusto de verme obedecer sus “órdenes”. había sido corta la estadía allí y ya no lo soportaba más. Salió intentando no dejarse ver, pero fue inútil, se lo encontró cara a cara, causa de no haber cerrado el portón. Malhumorado le hizo muecas al conductor del coche e intentó inútilmente cerrar la compuerta de madera de un golpe, haciendo que ésta volviera a él y logrando ver nuevamente la cara lujuriosa de aquel hombre. Encolerizado cerró bien el portón, entró en la casa empapado y escuchó a su padre gritar desde la sala. Haciendo caso al mandado, salió de nuevo y abrió la puerta para encontrarse, por tercera vez ese día al vecino y su perro en el carro con el limpiabrisas aún encendido. Intentando ignorarlo, salió de ahí, giró a la derecha y abrió la puerta de su auto para poder entrar. Una vez adentro me prestó atención, ya casi exasperado sacó las llaves de su lugar e intentó salir, pero yo ya le había bajado el seguro. Otra vez, haciendo muecas dijo algo sobre su imaginación y sus problemas mentales y me sugirió que desapareciera, pero yo insistí.
Después de un rato de discusión se quedó callado, asintiendo con la cabeza y expirando aire malgastado insertó nuevamente las llaves en su lugar. PPero jamás he manejado. unos minutos pasaron antes de que encendiera el carro y en seguida le expliqué como funcionaba. Todo iba bien, ya había escampado y las plumillas habían secado el vidrio frontal, haciendo que millones de semicírculos de agua casi invisibles aparecieran en el parabrisas. Avanzamos unos metros y empezamos a ganar velocidad, todo iba perfectamente hasta la primera curva. Fue exactamente ahí que los brazos de luz fallaron. Esperando que todo pasara como lo esperado, observamos inmovilizados como esos brazos que salían de los postes de luz y terminaban en la capota del auto, no tenían la fuerza para agarrarlo. El coche se resbaló de las manos de los rayos luminosos que debían hacernos girar y saltamos por una gran cuneta.
¿Qué ocurre? Porque no siento mi pierna izquierda? Ni mi brazo?... torpemente giró a su derecha y abrió la puerta, salió con la pierna diestra fácilmente pero cuando intentó sacar la otra, se dio cuenta que entre más pretendía sacarla, más adentro quedaba. No la sentía pero podía moverla, era un sensación poco frecuente. Extrañado decidió agachar su cabeza, pero por el contrario, la giró hasta de perder el equilibrio y caer sobre las hojarascas mojadas. Yo lo miraba desde lo alto de un pino. Y le cantaba lo que sabía que odiaba, nunca me lo había dicho, simplemente lo sabía. Todavía acostado analizó lo que no entendía. Movió su brazo derecho hacia arriba sin problema, intentó mover el izquierdo y no hizo más que esparcir las hojas y enterrarlo en ellas. Lo mismo sucedió con sus piernas. Comenzaba a comprender. Todo su lado derecho funcionaba con normalidad, pero su lado izquierdo funcionaba como el anterior, no con normalidad, sino como uno derecho.
Suspiró profundamente, cerró los ojos e intentó llevar hacia atrás su brazo izquierdo y como esperaba, éste se elevó en el aire. Hizo lo mismo con su pierna y ocurrió igual. Estaba preparado para levantarse, dobló la pierna derecha poniendo la planta del pie sobre el suelo, hizo lo mismo con la izquierda intentando hacerlo todo al revés, pero sólo pudo levantarla, no doblarla. Necesitaba también doblar la pierna al contrario de cómo generalmente lo hacía. Cerró los ojos asustado y sintió cómo su rodilla se torcía de forma contraria y recordó el sujeto que lavaba carros en la unidad residencial donde solía vivir. Su enfermedad lo obligaba a doblar las rodillas de forma contraria, como un avestruz. Finalizando de pensar esto cayó en cuenta que tenía sus dos piernas dobladas con las plantas sobre el suelo.
Después de mucho esfuerzo, se encontraba de pie y llevando al tanto la situación. Le señalé su rodilla izquierda y él giró la cabeza con el fin de observarla. Horrorizado vio el color rojo en su sudadera gris nueva. La pierna le temblaba y amenazaba con hacerle desplomar, pero a él no le dolía. TTodo fue tu culpa, si no me hubieras sugerido ese plan sin sentido, yo no estaría acá sabiendo que mi padre me va a ver como un niño rebelde. No soy de esos niños, la verdad no me molestan las reglas que me imponen y acepto todo sin renegar, esto me pasa por ponerle cuidado a mi imaginación. yo no tengo la culpa de ser su creación, él me hizo a mi, no al contrario. Él no hacia más que quejarse, pero yo sabia que ésta era una excusa perfecta para poder hacer que la amiguita de sus sueños le visitara. Yo lo había visto jugar con ella ahí, empezaba con recuerdos amistosos pero se convertía en una imagen morbosa que sólo un niño morrongo como él podía crear, quien lo pensaría?
Él estaba aún estático, observando la cima de lo que en ese momento parecía una montaña. Que estaría pensando? Tal vez en cómo subir o tal vez en su linda... yo tenía que saberlo, éste no era un chico normal. A diferencia de muchos muchachitos de su edad, éste la llevaba bastante bien con su padre, incluso después de haber perdido a la madre, iba bien en el colegio, en general era bueno, aparentemente era perfecto. Por dentro, en cambio, era una persona abstracta y extraña, empezando por su amigo imaginario, pasando por sus pensamientos pornográficos que iban más allá de lo común y terminando con esa gran imaginación que se acomodaba a cada momento. Lo último era lo que más me fascinaba de poder entrar en su mente.
Ya adentro vi como se ingeniaba planes utópicos, típicos de su personalidad, para poder salir de ahí. Éstos empezaban con soldados, seguían con animales inexistentes y terminaban con una elaborada pieza musical acompañada de cuerpos de un solo color que con una cadena casi perpetua lograban crear un ascensor que le subiría. Finalmente despertó de su sueño despierto y se preguntó donde estaría yo. Le respondí y me pidió que saliera. Todo este tiempo se había inventado cosas por miedo a subir de inmediato. Estaba aterrorizado con la idea de lidiar con un cuerpo que constaba de dos lados iguales. Intentó olvidar esto y comenzó a escalar. Lentamente, pensando cada paso: Primero el lado derecho, el lado normal, brazo derecho arriba, pierna derecha arriba. Después el lado izquierdo, el lado extraño, brazo izquierdo abajo, pierna izquierda abajo... Se negó rotundamente a mirar hacia abajo, y no por miedo a la altura sino por miedo a que le ocurriera lo de la primera vez que miró hacia el precipicio, además no se podía dar el lujo de hacer más de lo necesario, ya su mente estaba lo suficientemente exhausta pensando en cómo manejar cuatro extremidades. Por fin recaló al punto más alto, a la carretera, estaba agotado.
Ya ahí miró hacia abajo y vio su auto destrozado, apretó los puños con rabia y con una cara inexpresiva giró a la derecha echando su pie izquierdo adelante y comenzó a andar. Minutos pasaron en silencio y yo prefería no hablarle, después me olvidaba tan sólo de rabia y eso no es bueno para mi tipo, es como la muerte. Súbitamente paró y giró 180 grados, se había dado cuenta que nuevamente su pierna izquierda lo había engañado, ya para él era casi normal caminar dando un paso adelante y otro atrás para poder avanzar, pero esto lo exasperaba. Más silencio. Después de un rato de aburrida caminata, me hizo caer en cuenta que mi hipótesis sobre los brazos que salían de los postes de luz y que ayudaban al auto a girar era absurdo. Dijo que esas imágenes eran solo causa de la reflexión de la luz sobre cada semicírculo creado por el agua y las plumillas sobre el ventanal del auto. Ya estaba rojo de la cólera que sentía y cada vez perdía más sangre.
Un rato después, cuando estábamos a punto de llegar a su hogar, cuando ya se había acostumbrado casi por completo a caminar de esa forma extraña, se desplomó sobre el suelo enlagunado y yo... no me acuerdo de más, obviamente...
¿Qué es esa luz? Por qué todo tan blanco?. No entiendo nada, donde estoy? Entiendo... entiendo... si... está bien... entiendo. Hora de reflexionar. Cuál es el asunto con mi lado izquierdo? Tal vez fue un problema de los nervios de mi pierna que se trocaron o tal vez fue algún golpe en la cabeza. Suele suceder, creo. Fue muy estúpido de mi parte creer en ese imbécil. Se me están poniendo los ojos pesados...
Parece que llevo 2 días acá, eso dice mi padre. A lo mejor ya no estoy tan mal, ya me quiero levantar, estoy cansado de estar acá tirado como un.... nada... quiero ser algo, mi misión en la vida es ser algo útil. Creo que es la hora, se siente raro no estar siendo molestado por él. A dónde se fue? Parece que murió... si, murió el zurdo... que viaje en paz por el tiempo, más adelante llegará otro... murió, era mi mejor amigo. No importa yo puedo seguir adelante, lo mejor es no depender. (No te desconcentres, intenta pararte...) La hora de la verdad, me han puesto de pie... joder, la pierna izquierda me duele terriblemente, la pierna izquierda? SI! Todo vuelve a ser normal, creí tener que andar por el mundo con la mitad de mi ser al revés. (Las manos sobre los tubos laterales, cierra las manos!) Que pasa con mi mano izquierda? Por qué no se cierra? Olvídalo, presta atención a lo que tienes que hacer, eso si es importante. (pie derecho adelante) Pie derecho adelante... (Pie izquierdo adelante) Pie izquierdo atrás... Mierda, esto ya lo he vivido.
Comentarios · 0
Lee la conversación alrededor de este texto y participa con respeto.
Los comentarios son públicos. Para participar debes iniciar sesión en el Rincón.
Acceder para comentar