Él estaba aún estático, observando la cima de lo que en ese momento parecía una montaña. Que estaría pensando? Tal vez en cómo subir o tal vez en su linda... yo tenía que saberlo, éste no era un chico normal. A diferencia de muchos muchachitos de su edad, éste la llevaba bastante bien con su padre, incluso después de haber perdido a la madre, iba bien en el colegio, en general era bueno, aparentemente era perfecto. Por dentro, en cambio, era una persona abstracta y extraña, empezando por su amigo imaginario, pasando por sus pensamientos pornográficos que iban más allá de lo común y terminando con esa gran imaginación que se acomodaba a cada momento. Lo último era lo que más me fascinaba de poder entrar en su mente.


Ya adentro vi como se ingeniaba planes utópicos, típicos de su personalidad, para poder salir de ahí. Éstos empezaban con soldados, seguían con animales inexistentes y terminaban con una elaborada pieza musical acompañada de cuerpos de un solo color que con una cadena casi perpetua lograban crear un ascensor que le subiría. Finalmente despertó de su sueño despierto y se preguntó donde estaría yo. Le respondí y me pidió que saliera. Todo este tiempo se había inventado cosas por miedo a subir de inmediato. Estaba aterrorizado con la idea de lidiar con un cuerpo que constaba de dos lados iguales. Intentó olvidar esto y comenzó a escalar. Lentamente, pensando cada paso: Primero el lado derecho, el lado normal, brazo derecho arriba, pierna derecha arriba. Después el lado izquierdo, el lado extraño, brazo izquierdo abajo, pierna izquierda abajo... Se negó rotundamente a mirar hacia abajo, y no por miedo a la altura sino por miedo a que le ocurriera lo de la primera vez que miró hacia el precipicio, además no se podía dar el lujo de hacer más de lo necesario, ya su mente estaba lo suficientemente exhausta pensando en cómo manejar cuatro extremidades. Por fin recaló al punto más alto, a la carretera, estaba agotado.


Ya ahí miró hacia abajo y vio su auto destrozado, apretó los puños con rabia y con una cara inexpresiva giró a la derecha  echando su pie izquierdo adelante y comenzó a andar. Minutos pasaron en silencio y yo prefería no hablarle, después me olvidaba tan sólo de rabia y eso no es bueno para mi tipo, es como la muerte. Súbitamente paró y giró 180 grados, se había dado cuenta que nuevamente su pierna izquierda lo había engañado, ya para él era casi normal caminar dando un paso adelante y otro atrás para poder avanzar, pero esto lo exasperaba. Más silencio. Después de un rato de aburrida caminata, me hizo caer en cuenta que mi hipótesis sobre los brazos que salían de los postes de luz y que ayudaban al auto a girar era absurdo. Dijo que esas imágenes eran solo causa de la reflexión de la luz sobre cada semicírculo creado por el agua y las plumillas sobre el ventanal del auto. Ya estaba rojo de la cólera  que sentía y cada vez perdía más sangre.


Un rato después, cuando estábamos a punto de llegar a su hogar, cuando ya se había acostumbrado casi por completo a caminar de esa forma extraña, se desplomó sobre el suelo enlagunado y yo... no me acuerdo de más, obviamente...


¿Qué es esa luz? Por qué todo tan blanco?. No entiendo nada, donde estoy? Entiendo... entiendo... si... está bien... entiendo. Hora de reflexionar. Cuál es el asunto con mi lado izquierdo? Tal vez fue un problema de los nervios de mi pierna que se trocaron o tal vez fue algún golpe en la cabeza. Suele suceder, creo. Fue muy estúpido de mi parte creer en ese imbécil. Se me están poniendo los ojos pesados...

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