Cada vez que sus ojos se cerraban sentia que el dolor desapareci, pero sabia que en aquella obscuridad estaba la muerte. No podia morir, no sin antes dejar que su hijo naciera, tal vez podia estar muerto, pero si tenia una oportunidad de vivir no seria ella quien se la negara. Ella que daria todo por el.

Cerro sus ojos por un momento y al abrirlos se encontraba en la ambulancia con varios enfermeros a su alrededor observandola.

Ya no sentia nada, no podia siquiera sentir su respiracion, ni tampoco hablar, pero mantenia sus ojos abiertos.

Un hombre vestido de blanco se le acerco y le dijo:

-Tienes que ayudarnos o el morira-

Con estas palabras le dio las fuerzas, la voluntad para hacerlo su hijo aun podia vivir y si ella dependia que el viviera, el viviria.

Uso todas sus fuerzas luchando por la vida de su hijo era todo lo que importaba. Que le viviera.

Cuando el nacio, ella lo pudo ver, vio aquel pequeño ser por el que daria su vida.


Desde que el doctor lo tuvo en sus brazos supo que el no respiraba. Lo sostuvo con desesperacion y comenzo a darle respiracion artificial, aunque lo hacia sin esperanza alguna, lo intento y lo siguio intentando por  casi cinco minutos teniendo a todos en un gran suspenso. Y al final lo sintio, algo se movio, un movimiento tan comun en cualquier ser humano, pero para el habia sido lo mas bello que habia visto.

-Respira-grito liberando toda la angustia que habia sentido.

Pero ella no lo pudo escuchar, hacia tiempo que se habia ido y tampoco sintio la explosion instantes despues, no sintio que su cuerpo se consumia como un pedazo de papel en el fuego, sus pulmones estallando por el calor, los miles de atomos recorriendo su cuerpo. No sintio lo que miles de personas y su hijo  sintieron.

Y su hijo y miles de personas solo pasaron a formar parte de una simple cifra que marcaba el numero de muertes provocada por la bomba atomica de Nagasaki a las 11:02 am hora local del noveno dia del mes de agosto del año 1945.