– Muy bien, iremos a buscar lo que nos diga doctor, y después haremos desaparecer este lugar
El equipo entonces, continuó con el descenso al seno de la tierra, siguiendo las instrucciones del guía que los metió en ese lugar por las ordenanzas del gobierno, en cualquier momento debería toparse con otra bóveda como la primera, ahí estaba lo que vinieron a buscar, la oscuridad se tornaba mas densa conforme bajaban a las entrañas del mundo, la humedad acumulada en los pasillos a lo largo de los días aunado a la falla del aire acondicionado tornaron aquello en una especie de baño turco sin vapor, la tropa sudaba copiosamente bajo sus trajes, pareciera que tenían una ducha integrada junto con el suministro de oxigeno, después de horas marchando sin descanso en aquellas incómodas condiciones, llegaron ante una puerta, la cual tenía estampado el símbolo de riesgo biológico y una serie de advertencias en varios idiomas, finalmente alcanzaron su destino. El comandante ordenó colocar otra carga explosiva en la puerta, la cual detonó sin resultado alguno, la entrada estaba sellada. Uno de los expertos hizo una prueba para determinar el grosor de aquel obstáculo con un aparato electrónico portátil, cuya lectura fue de dos metros, sería imposible forzar su entrada con explosivos convencionales, usar dinamita sería como tratar de abrir con fuegos pirotécnicos.
– ¿Qué guardaban ahí como para encerrarlo con esa puerta? – inquirió uno de los hombres que trataron de remover el gran obstáculo
– No es de su incumbencia, soldado – respondió el comandante
– Esta puerta tiene su banco de baterías propio –intervino el doctor –la carga dura un mes o algo así, quizá todavía funcione la cerradura de combinación
Otro soldado se acercó a examinar la puerta más detenidamente, para determinar como se abrirían paso, colocó algunos aparatos en el gigantesco estorbo, lo palpó con sus manos y después de un minucioso análisis, finalmente llegó a una conclusión
– Comandante, el doctor tiene razón, las baterías de la cerradura todavía funcionan, podemos abrir la puerta rompiendo la combinación
– Proceda soldado –fueron las ordenes del jefe
El doctor Oswald sabía muy bien lo que vinieron a buscar en ese laboratorio bajo la tierra, sin duda sería el mayor avance bélico de toda la historia, incluso igual o más importante como lo fue la bomba nuclear en su tiempo, sin duda, su creación definiría la victoria en las guerras que su nación libraba en el continente africano y Asia, igual como aconteció en 1945 cuando los japoneses capitularon en la guerra del pacifico, los enemigos que ahora enfrentaban también se rendirían cuando su creación fuera rescatada de aquel derruido laboratorio, perfeccionada y puesta en acción en el campo de batalla, tal vez no ganaría el Nobel de la paz, sin embargo, su invención cambiaría para siempre como se peleaban las batallas. Mientras el doctor estaba durmiendo en sus laureles con aquella fantasía, el mismo soldado que antes examinó la puerta, concluyó su trabajo, ya podían entrar, sin embargo, el solo no podría mover ni un ápice aquel obstáculo. Varios de sus compañeros rápidamente se acomidieron y con la fuerza de siete hombres, la pesada puerta se abrió lentamente dejando escapar un vapor blanquecino, a juzgar por la escarcha formada en el dorso de la pesada carga que movilizaban aquellos hombres, debían estar por introducirse a una cámara criogénica, la energía eléctrica tampoco funcionaba en el interior, el frío se conservó gracias al sellado hermético de aquella inmensa puerta. El comandante de aquella misión dio indicaciones a sus hombres para comenzar a colocar los explosivos prontamente, convertirían en partículas todo lo que ahí quedó fuera o no propiedad gubernamental.
– ¿Qué vinimos a buscar doctor? – inquirió el comandante impaciente
– Deben sacar de ahí un contenedor, esta rotulado con el numero 056698
– Ya oyeron, busquen ese contenedor y sáquenlo cuanto antes
Los hombres ingresaron cautelosamente, aferrados a sus armas automáticas y prestos para cualquier eventualidad que los obligase a usarlas, con sus linternas alumbraron su paso por aquel gélido espacio hasta toparse con una especie de sarcófago metálico, uno de aquellos militares limpió la escarcha formada en la superficie del contenedor, dejando al descubierto la numeración indicada por el doctor Oswald, estaba por dar aviso cuando notó algo de vapor saliendo por un costado, al acercarse a observar mas detenidamente, uno de sus compañeros cayó abatido por fuerzas invisibles a la vez que detonaba su arma, casi al mismo tiempo, el desafortunado en hallar el contenedor fue degollado tan velozmente que no tuvo ni la mas minima oportunidad para repeler a su agresor, otro integrante del grupo trató de huir solo para ser muerto por un tubo de acero convertido en improvisado proyectil. Los otros cuatro soldados restantes intentaron en vano hallar con las miras de sus armas a quien ultimó a sus otros compañeros, el temor hacia presa de sus nervios, la voz irritada del comandante resolló por el comunicador, demandando saber que sucedía, desafortunadamente para ellos el enemigo decidió dar la cara, un tubería rota inundó de vapor la cámara, los valientes guerreros probaron hacer blanco en una figura femenina que lograron distinguir, abrieron fuego contra la mujer, la cual resultó ser muy veloz para ellos y con fulminantes tajos de sus afiladas uñas, uno a uno decapitó a sus rivales.
Tras varios intentos infructuosos por comunicarse con su tropa, el comandante ordenó la retirada, los últimos dos de sus hombres, encargados de los explosivos colocaron los detonadores electrónicos en las bombas, no sin antes de abandonar la misión interrogar nuevamente al doctor, aquella operación le hizo perder ocho de sus mejores hombres y a juzgar por lo que suponía ocurrió en el interior de la cámara criogénica, el mismo destino también a ellos los esperaba, la rabia contenida por horas desembocó en la humanidad infortunada del doctor Oswald como una implacable lluvia de golpes, cuando hubo saciado su ira, el comandante Johnson tomó por el cuello al doctor