– Ahora usted me dirá todo lo que quiero saber ¿Qué demonios mató a mis hombres? ¿Qué diablos pasó aquí?
– Moriremos de todos modos –respondió el doctor – Sus hombres han sucumbido ante una nueva clase de súper guerrero creado genéticamente, su despliegue ante las fuerzas enemigas nos aseguraría la victoria, pero, todavía no esta perfeccionada
– ¿A que se refiere con eso?– Bueno, jamás la pudimos hacer que siguiera órdenes, a pesar de tener la más avanzada inteligencia artificial implantada en su cerebro, siempre hacia lo que le venía en gana, ella para mi fue como la hija que nunca tuve.
– ¿Y ahora “su hija” nos matará solo porque le da la gana hacerlo?
– Hace una semana decidimos ponerla en sueño criogénico hasta determinar la causa de su mala conducta, entonces ella mató a todo el personal que aquí trabajaba y se deshizo de los cadáveres arrojándolos en un incinerador de basura
– ¡Maldita sea! Usted ha creado un monstruo por jugar a ser Dios
– No señor Johnston, jugar a ser Dios no es nada comparado con todo lo que aquí se hacia
La puerta de la bóveda salió proyectada contra ellos, aplastando a los últimos hombres del comando, el glacial vapor de la cámara criogénica escapaba, el doctor Oswald y el comandante Johnston pudieron ver en medio de la gélida exhalación proveniente de aquel recinto una silueta femenina. El vapor se dispersó dejando al descubierto a una jovencita desnuda, de negra cabellera recortada, ojos azul profundo como un foso sin fondo, nariz respingada y una sinuosa figura, su mirada inyectada de odio se posó en sus próximas victimas, pero al mirar fijamente al doctor Oswald, cientos de imágenes horribles vinieron a la mente de aquella extraña chiquilla: millares de jeringuillas contaminadas con todos los agentes infecciosos conocidos por el hombre punzando su piel al mismo tiempo, ayunos forzados, espantosas enfermedades, combate simulado con municiones reales, exposiciones prolongadas temperaturas extremas, hasta que los recuerdos ingratos hicieron hervir su sangre.
Con un zarpazo certero, la joven mujer hirió de muerte con sus afiladas uñas al comandante Johnson, quien cayó al suelo en medio de un charco de sangre. Ahora era el turno de su creador
– Vamos hija – dijo el doctor en tono conciliador –no pudo ser tan malo, era parte de tu entrenamiento, tu eres el futuro, la esperanza de nuestras fuerzas armadas…
La joven siguió acercándose amenazadora hasta dejar arrinconado al doctor Oswald, ignorando toda suplica de su creador, finalmente lo tomó por el cuello alzándolo del suelo, su furiosa mirada se clavó en los ojos de su victima
– No juego a ser Dios ¡Yo soy Dios!, ¿no era eso lo que tu decías, Doctor Oswald?
– ¿Puedes hablar?
– Siempre pude – dijo la joven mujer, para terminar con la vida de su creador degollándolo
Una de las imperfecciones que aquel producto genético tenía era nunca cerciorarse de haber efectivamente liquidado a sus victimas. El comandante Johnson, quien aún agonizaba, sacó de sus ropas el detonador de los explosivos y presionó el botón que hizo a las bombas escupir fuego convirtiendo literalmente aquella fortaleza subterránea en un infierno, la onda expansiva de las explosiones alcanzó a la joven arrojándola varios metros por los aires. Una detrás de otra, doscientas cargas explosivas fueron detonadas, desmoronando en segundos el cimiento y haciendo colapsar el estrato que se hallaba encima, fue así como todos ellos acabaron sepultados para siempre bajo toneladas de tierra, los doce infortunados que se introdujeron en aquel sitio tendrían ahí mismo su sepultura.
Días después, un equipo mucho más numeroso acudió a donde ocurrió la tragedia en la cual, el doctor Robert Oswald y una división especializada del ejército fueron liquidados limpiamente bajo circunstancias aun sin esclarecer, los vehículos militares llegaron hasta lo solía ser el acceso principal de una base militar secreta en medio del desierto de Arizona, un soldado bajó de su jeep y abrió las compuertas, para encontrarse con un panorama desolador: Donde se supone que había una base militar solo quedo un gran cráter en la tierra, cercado por piedras y desechos carbonizados, recuperar cualquier cosa de lo que fue una instalación gubernamental secreta en esas condiciones era imposible, nada pudo sobrevivir al poder de la desastrosa explosión que derruyó aquellas instalaciones.
Algunas decenas de kilómetros mas adelante, a medio desierto, una jovencita espigada, de cabellera negra recortada que vestía un sucio uniforme camuflado batido en tierra y sangre se protegía del sol bajo una gran formación rocosa mientras masticaba pencas de nopal, la enrojecida espalda le ardía como si tuviese mil carbones llameando encima gracias a los implacables rayos del astro rey, frente a ella, una pequeña liebre se ocultó en medio de los matorrales, con un certero zarpazo de sus afiladas uñas, seccionó el cuerpo del animal con precisión quirúrgica. Tal vez la carne cruda del infortunado roedor le causaría seguramente una fuerte indigestión, pese a ello, ese humilde bocado era siempre mejor que morirse de hambre, con eso era suficiente para recobrar las energías y continuar con su camino, lo siguiente sería buscar un lugar donde pasar la noche, tres días en vela cuidándose de los coyotes ya le provocaban alucinaciones horribles que, al recobrar el sentido le hacían preguntarse si debía tomar venganza por lo que le hicieron o perdonar y olvidarse de todo, las dos opciones eran difíciles puesto que una iba contra su programación genética y la otra solo le acarrearía la muerte, al menos ya una cosa era segura: si lograba sobrevivir su travesía en el desierto de Arizona podría mezclarse con la población civil y elegir su destino libremente, daba igual cual fuera su elección de todos modos le quedaba el gusto de poder escoger por voluntad propia como terminar sus días.
A lo lejos, la chica pudo distinguir a un grupo de inmigrantes atravesando las ardientes arenas bajo un sol asesino, varios niños famélicos caminaban tambaleándose a causa del recio calor desértico, eso le recordó como cientos de veces muchas criaturas parecidas a esas fueron sometidas a las mismas horribles torturas que también ella sufrió, hasta el momento en el cual encontraron la muerte, ninguna recibió siquiera una sepultura digna, sus cuerpos eran arrojados en el incinerador de la basura. Ella jamás había experimentado esa sensación antes, algo en su interior la impulsó a ir donde los inmigrantes, tomó lo que aún quedaba de la liebre y las pencas de nopal, aquellos caminantes de seguro llevaban mas tiempo en el desierto, aunque tal vez pareciera tonto lo que hacia, esa era su decisión, la primera que tomaba por voluntad propia.