Está en primera fila de la manifestación sujetando el extremo izquierdo de la pancarta, habría unas cincuenta personas más, más bien un número bastante escaso para la importancia del hecho que allí los reunía, nada más ni menos que intentar salvar al pinar de las garras de las máquinas constructoras que si nadie lo paralizaba pronto lo invadirían y en el lugar de árboles, camaleones, lagartos, aves, pureza, frescura se vería una hermosa urbanización de casas adosadas con piscina y pista de tenis y con el irónico nombre de “Urbanización El Pinar! Ya que son tan buena gente que dejarían parte de ellos, anunciando que su urbanización gran lujo se puede disfrutar del aire puro de los árboles y además están a primer pie de playa; casas construidas con materiales de no muy buena calidad, de dos o tres habitaciones, suelos pésimos y paredes tan delgadas que se escucha hasta el más mínimo ronquido de los que habitan al lado, que cobran diecisiete millones para que los compren personas arrogantes que sólo lo adquieren para poder comentar a sus amigos vía telefónica “Estamos en la casita de la playa, muy mona, buenas vistas, tenemos hasta pista de tenis, una gozada vaya” y hacer ver todo el dinero que les sobra para poder envanecerse de su adquisición.
Todo esto pensaba Paula mientras sujetaba la pancarta, esto para no pensar en lo más importante, que no sólo se destruía tres ecosistemas, se devastaba a su vez su propia vida, porque para Paula aquellos pinares eran su casa, en esos pinares sentía el calor del hogar, la arropaban hadas invisibles que revoloteaban a su alrededor, duendecillos diminutos que cuidaban que nada le hiciera daño, era su refugio ante la otra vida que llevaba fuera de su territorio, vida que no siente suya y por la que no sabe caminar; la geografía del pinar si la conoce, cada recodo, ningún pino es igual a otro, ninguna flor, lo conoce mejor que a sí misma y ahí está gritando consignas en un intento desesperado por salvarlo y salvarse, batalla que sabe que no va a ganar, no puede hacer frente al Dios que mueve el mundo y a los hombres, ese Dios maligno y oscuro que es el dinero y el poder, ante aquello de nada sirve que unos cuantos luchen, griten, se encadenen, no hay esperanza para aquellos viejos pinos y ella lo sabe, aquel asesinato seguirá adelante y todos serán testigos, unos mudos y otros afónicos, pero proseguirá hasta quedar convertidos en el juguete ocioso de los humanos, en el recreo de las vanidades y en la supuesta calidad de vida.
La tala masiva esta prevista para dentro de tres días y a esas alturas todos los permisos necesarios estarán firmados y aunque Paula sabe que es inútil no se rinde, todavía mantiene esa batalla hasta que compruebe que las obras han dado comienzo, dentro de tres días supone que todo su mundo el mundo que encierra el pinar morirán.
Un cartel de dimensiones desmesuradas anuncian la próxima construcción de dieciocho unifamiliares, el sueño de todo ser inteligente...