Todo parecía que volvía a la normalidad, los jóvenes amigos del hijo de la casa, regresarían a la capital. Las vacaciones se estaban terminando, pues seguramente dentro de muy pocos días, volverá la tranquilidad a la estancia.  Largas noches de luna, sin escuchar un simple canto de un grillo.

   Han pasado dos días de la despedida del hermano del capataz, cuando un caballo desbocado viene hacia la estancia. “Es el caballo de mi hermano” grita el capataz. Le abren la tranquera, ingresa con los mismos nervios que tenía cuando se marchaba. Entre dos hombres no lo podían sujetar, cuando por un instante se detiene, cayendo muerto. Todo estaba igual a su partida, el recado, la cincha, pero a un costado del estribo, un racimo de uvas verdes.

   ¿Qué pasa con mi parral? Grita desesperado el patrón. Todos giran su cabeza hacia el parral, que ya no existe.

     Ese mismo día, todos se marchan. Quedan solamente en la estancia los patrones, acompañados por el capataz con su esposa.

   Largas noches de misterio, llenaron de dudas a estas personas. Pero seguramente a partir de hoy, tenían fe que todo sería como antes, y que nunca más plantaría un nuevo parral.