Ahora bien, lo que se pretende en esta exposición es una propuesta de acercamiento al ser humano desde un punto de vista de la FE y esta sólo se puede dar aceptando la presencia de Dios en todas las manifestaciones humanas. Y cuando aquí se nombra a Dios como ser supremo, principio creador de todo lo que existe, no se plantea un ser de una sola religión o pensamiento sino de una totalidad que abarca a toda la humanidad, incluidos los no creyentes o ateos. Se aclara que todos los planteamientos que se expresan en esta propuesta tienen su asidero teórico en el texto de Karl Jaspers: La Filosofía; pero, la autora expone sus aportes desde un punto de vista muy personal.

La idea de Dios ha estado presente en todos los pueblos de la tierra desde sus más remotos orígenes. En un principio los pueblos primitivos fueron politeístas sin excepción; tal vez el pueblo hebreo fue el primero en plantear un Dios único con todos los atributos: omnipresencia, omnipotencia, omnisciencia... pero, también los egipcios en un momento de su historia tuvieron un reformador religioso (Akhenaton) que planteó una religión monoteísta con un dios cuyo símbolo era el disco solar y que ocasionó una conmoción social y religiosa en el s XIV A de J.

Se debe tener en cuenta que las grandes religiones del mundo occidental son de origen oriental y conllevan comportamientos de las culturas que les dieron origen siendo este el mismo para las tres: El [[Cristianismo]], El [[Judaísmo]] y El [[Islamismo]] tienen raíces semitas y un origen común: Un Dios creador igual para las tres con una historia inicial idéntica y principios similares. ¿Qué las separa?  ¿Cuál es la idea? Generalmente se acepta que existe un Dios todopoderoso que está vivo desde el principio de los tiempos y sabemos de El porque se ha revelado a los profetas y en esta revelación Dios es una realidad para el hombre, no en el pensamiento sino en la Fe, porque la existencia de Dios no se puede probar por medios científicos.

Todas las pruebas científicas son falsas, de donde se podría concluir que Dios no existe. Pero, así como no se puede probar la existencia de Dios por medio de las ciencias, tampoco se puede probar su inexistencia y esto es así debido a que  Dios no es un objeto tangible que se pueda medir y como no se pude medir, tasar, pesar, percibir por los sentidos, no se puede convertir en un objeto del saber y no es demostrable. Cuando se afirma que todo lo creado por Dios es bueno, surge una pregunta, por lo general maliciosa y malintencionada: ¿Y... porqué en el mundo hay tantas cosas feas, desordenadas y malas?, entonces, aparece la idea del demonio o espíritu malo, si se prefiere, él también poderoso e inmortal y enemigo de Dios. ¿Significa que hay dos dioses, uno bueno y otro malo? No, lo que sucede es que el mundo no está terminado; sigue un proceso de transformación y nuestro conocimiento del mundo no es total y sólo podemos concluir unas cosas del mundo de otras y esta carencia es lo que se conoce como la imperfectibilidad del mundo.

Todas estas fallas son las que llevan a conclusiones erradas por lo precipitadas. En este punto aparece la idea de libertad que no es más que la existencia del ser humano y la certeza de dicha existencia; si esta encierra en si misma la existencia del ser de Dios se debe aceptar que la libertad y Dios son inseparables y la negación de una es la negación del otro porque  “Dios existe en mi en la medida en que en la libertad  me vuelvo realmente yo mismo”.

Ahora bien, la idea de Dios no es igual para todos; cada cultura, cada religión y, porque no, cada filosofía tiene una concepción diferente de la divinidad aunque coincidan en algunos aspectos, la mayoría de las veces los más importantes. La verdad absoluta no es la misma para toda la humanidad y, de pronto, se torna muy cercana en las mentes de los creyentes que pertenecen a una de las religiones  judeo-cristianas. Lo que Dios es en realidad, debe serlo en una manera absoluta y no únicamente en la manifestación del lenguaje histórico de los hombres. En la tradición cristiana la conducta verdadera relativa a Dios se sostiene en tres requerimientos bíblicos con fuerza de ley: “1-No te harás imagen ni símbolo alguno. 2-No tendrás otro Dios fuera de mí. 3- Hágase tu voluntad”.

El primero, “No te harás imagen ni símbolo alguno” quiere decir que Dios es invisible, inimaginable e inconcebible y no hay ningún símbolo que pueda representarlo pero, este requerimiento  ni siquiera se cumplió por completo en el Antiguo Testamento.

El segundo requerimiento, “No tendrás otro Dios” profundiza en la idea de que sólo existe un Dios y la vida de los seres humanos está centrada en la Unidad de Dios y es excluyente para otras divinidades, además de que da a la existencia su esencia real.

El tercero, “Hágase tu voluntad” nos pide inclinarnos ante lo incomprensible  y tener Fe incondicional en ese Ser Supremo hasta el punto de aceptar absolutamente todo lo que venga de Él. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la Fe tiene mucho de intuición y esa Fe que hace que se crea en Dios quiere decir que se debe vivir de algo que no es tangible en el mundo y por lo tanto extraño a  dicho mundo. “La Fe es una posesión”, y aquí se hace énfasis en esta Fe, con mayúsculas porque debe ser sin medida y sin restricciones.

Se dijo que la Fe debía ser sin restricciones y eso quiere decir sin medida y sin condiciones; los primeros cristianos llegaron al límite de la Fe incondicional: dar hasta la vida por ella en casos extremos, perder la existencia terrenal, abandonarse a la voluntad de Dios porque vivieron en virtud de su obediencia. Esta Fe tan desmedida presenta el requerimiento incondicional y el ser humano debe sentir que este requerimiento tiene su origen en si mismo y debe sentirlo como el requerimiento que hace su verdadero yo a su propia existencia porque lo incondicional no es lo que se quiere sino aquello desde lo cual se quiere y tiene sus propias características: “Lo incondicional no es una esencia sino una resolución personal con la cual yo me identifico. Existe sólo en la Fe. Lo incondicional no tiene tiempo en el tiempo”. Y terminemos esta parte de la propuesta  diciendo que “únicamente lo incondicional del bien llena de contenido los meros deberes, puede acendrar hasta la pureza los motivos morales y logra disolver la voluntad de aniquilación del odio”.

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