I

De  ingratos residuos nocturnos,
y fríos e incómodos tratos,
despierta mi mente de a poco,
envuelta en susurros lejanos.

Mi piel como hielo muy frágil,
me cubre de inútil resguardo,
tratando de guardar en ella,
la esencia de mi holocausto.

Soldados vestidos de negro,
montados en potros salvajes,
me atacan con lanzas y espadas,
y gritarme atrocidades.

Mas aun estos ojos cerrados,
se niegan  al crudo presente,
cual quien prefiriera quedarse
así, durmiendo para siempre.

Tal vez un minuto consiga,
alargar este inmóvil letargo,
rechazando mi pequeño mundo
que espera, sin andar andando.

 

II

El grito implacable del guardia
me llega otra vez con espanto,
y rompe en quinientos pedazos
mi mágico y débil encanto.

Ya mis parpados se despegan
dejando pasar de repente,
las tristes y turbias imágenes
de esta libertad ausente.

Tres metros de húmedo muro
por otros tres a lo largo y ancho.
Mi litera con colchón de tablas,
una lámpara, una taza y un manto...

Uniforme que espera en el suelo,
de lienzo muy sucio y gastado.
Ya no tiene color definido,
es mi traje querido y odiado.

Un pedazo de pan mal cortado
y una jarra con agua dudosa.
Una masa mezclada con huevos.
Sabrá Dios porque esta así verdosa.

 

III

Otras almas  afuera se quejan,
desde el largo pasillo me llegan.
Mas no puedo mirarle los rostros,
nuestras puertas en frente no quedan.

Me resigna saber que aun escucho,
aunque sean lamentos y llantos,
pues si solo en mi celda me encuentro,
mi Señor me los cambia por cantos.

He perdido la cuenta del tiempo,
que en mi claustro miserable llevo.
Mas soy rico en recuerdos queridos,
que me llenan y me alzan al cielo.

Mi conciencia y mi alma son una,
es mi espíritu ágil y fuerte.
Y aun cosecho valiosas lecciones,
que me agrandan y ostentan inerte.

Que traviesas e ingeniosas tretas
trataran de vencerme y callarme?
Que artimañas traerán los demonios
con equívocos planes infames?

Solo risa me dan los idiotas.
Los que creen ser sabios y reyes.
Yo he encontrado el camino correcto.
Ya verán que yo gano, y con creces.

 

IV

Así paso las horas del día,
caminando de un rincón a otro.
Escuchando canciones sagradas,
que no dejan mi estimulo roto.

Así sufro en silencio y resisto,
la tediosa rutina marcada.
Y aunque ya mi pellejo esta viejo,
es mi alma tan joven y amada.

Son mis días tan solo una excusa,
que reciben el castigo ajeno,
mas yo cargo mi cruz sin quejarme,
se que al final tendré premio eterno.

Me he sentado a repasar mi historia,
y reniega y reclama mi mente.
Mas recuerdo los hechos con calma,
pues mi dignidad no se arrepiente.

Aquel día mi amigo cargaba,
en sus brazos mi ahijado querido.
El pequeño a su madre miraba,
la madrina a su lado conmigo.

Fue alegría en la iglesia del pueblo,
el bautismo tan puro y dichoso.
Como pudo alguien creer que seria
el final tan terrible y monstruoso.

 

V

En la torre de un viejo edificio,
apostado y con rifle esperando,
se encontraba  el matador de oficio
a que el publico fuera llegando

Apunto y disparo hacia nosotros.
Nunca supe porque habría sido.
Solo se que el impacto hizo blanco,
en la cara del pobre angelito.

Vi a mi amigo de ira enervarse
y cambiar su expresión como diablo,
y correr a buscar al maldito,
a cobrarse venganza en sus manos.

Yo también entendí lo entendido.
Yo también lo seguí como un loco.
Pero tarde llegue  y vi partido,
del franco tirador el rostro.

Mi compadre en su furia salvaje,
de sus manos el arma quito.
Sin siquiera medir consecuencias,
la culata en su cara incrusto.

 

VI

Con mis manos bañadas en sangre
regrese a contemplar a mi ahijado.
Gracias Dios solo fuera un rasguño
el que el tiro le había causado.

Ante un juez presente mi versión
del nefasto incidente ocurrido.
Me mandaron directo a prisión
pues les dije que yo había sido.

Nada tengo yo para perder.
No hay pequeños ni esposa que lloren.
No podía dejar que El pagara,
para mi así las cosas en orden.

Solo quiero pedir por favor,
que me entiendan, no me llamen loco.
Si mi amigo estuviera encerrado,
se estaría muriendo de a poco.

Recibí la visita de un niño
que llorando me dijo: “padrino,
mi papito me contó la historia”.
“Es por ti que lo tengo conmigo”

En su frente observe la fea marca
que la bala dejo para siempre.
No entiendo la maldad en la gente,
me disturba y aprieto los dientes..

 

VII

Cada vez que oscurece de nuevo
me refugio en mi casa de piedra,
y las dudas de mi decisión
me visitan, reclaman y ruegan.

Por momentos me siento tan solo,
y me invaden tan hondo los miedos,
que quisiera correr con mi madre
a pedirle me acune en su seno.

Mas después de luchar con firmeza
dentro mío esta dura batalla,
me doy cuenta de que es todo inútil,
mejor dejo mi conciencia en calma.

Es que Dios tiene siempre un camino
que esta lleno de pruebas extrañas.
Lo importante es no salir de el
ni dejar que las fuerzas decaigan.

La pequeña ventana en mi celda
deja entrar un sol tibio y hermoso,
que me baña y me llena de fuerza
ya no importa el lugar, soy dichoso.

Fin de la primera parte

Jorge Luis Caraballo
Noviembre,
2001

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