IV

Así paso las horas del día,
caminando de un rincón a otro.
Escuchando canciones sagradas,
que no dejan mi estimulo roto.

Así sufro en silencio y resisto,
la tediosa rutina marcada.
Y aunque ya mi pellejo esta viejo,
es mi alma tan joven y amada.

Son mis días tan solo una excusa,
que reciben el castigo ajeno,
mas yo cargo mi cruz sin quejarme,
se que al final tendré premio eterno.

Me he sentado a repasar mi historia,
y reniega y reclama mi mente.
Mas recuerdo los hechos con calma,
pues mi dignidad no se arrepiente.

Aquel día mi amigo cargaba,
en sus brazos mi ahijado querido.
El pequeño a su madre miraba,
la madrina a su lado conmigo.

Fue alegría en la iglesia del pueblo,
el bautismo tan puro y dichoso.
Como pudo alguien creer que seria
el final tan terrible y monstruoso.

 

V

En la torre de un viejo edificio,
apostado y con rifle esperando,
se encontraba  el matador de oficio
a que el publico fuera llegando

Apunto y disparo hacia nosotros.
Nunca supe porque habría sido.
Solo se que el impacto hizo blanco,
en la cara del pobre angelito.

Vi a mi amigo de ira enervarse
y cambiar su expresión como diablo,
y correr a buscar al maldito,
a cobrarse venganza en sus manos.

Yo también entendí lo entendido.
Yo también lo seguí como un loco.
Pero tarde llegue  y vi partido,
del franco tirador el rostro.

Mi compadre en su furia salvaje,
de sus manos el arma quito.
Sin siquiera medir consecuencias,
la culata en su cara incrusto.

 

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