VI

Con mis manos bañadas en sangre
regrese a contemplar a mi ahijado.
Gracias Dios solo fuera un rasguño
el que el tiro le había causado.

Ante un juez presente mi versión
del nefasto incidente ocurrido.
Me mandaron directo a prisión
pues les dije que yo había sido.

Nada tengo yo para perder.
No hay pequeños ni esposa que lloren.
No podía dejar que El pagara,
para mi así las cosas en orden.

Solo quiero pedir por favor,
que me entiendan, no me llamen loco.
Si mi amigo estuviera encerrado,
se estaría muriendo de a poco.

Recibí la visita de un niño
que llorando me dijo: “padrino,
mi papito me contó la historia”.
“Es por ti que lo tengo conmigo”

En su frente observe la fea marca
que la bala dejo para siempre.
No entiendo la maldad en la gente,
me disturba y aprieto los dientes..

 

VII

Cada vez que oscurece de nuevo
me refugio en mi casa de piedra,
y las dudas de mi decisión
me visitan, reclaman y ruegan.

Por momentos me siento tan solo,
y me invaden tan hondo los miedos,
que quisiera correr con mi madre
a pedirle me acune en su seno.

Mas después de luchar con firmeza
dentro mío esta dura batalla,
me doy cuenta de que es todo inútil,
mejor dejo mi conciencia en calma.

Es que Dios tiene siempre un camino
que esta lleno de pruebas extrañas.
Lo importante es no salir de el
ni dejar que las fuerzas decaigan.

La pequeña ventana en mi celda
deja entrar un sol tibio y hermoso,
que me baña y me llena de fuerza
ya no importa el lugar, soy dichoso.

Fin de la primera parte

Jorge Luis Caraballo
Noviembre,
2001

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