El gris pálido de las paredes de este hospital parece un reflejo idiota de mi mente. Tan pulcras y tan vacías, como yo lo estoy, dicen que tengo amnesia, pero no se lo que significa esa palabra, simplemente estoy confundido. Ayer vino una mujer a hablar conmigo, me dijo que era mi esposa, yo quería preguntarle qué es lo que era una esposa, pero verla así, tan llorosa, con el alma partida y los ojos al rojo vivo, me hicieron desistir del ansia de satisfacer mi curiosidad.
Ella me habló por largo tiempo, me dijo cosas muy extrañas, usó palabras que no llegaba a comprender del todo, fue una charla interesante, me mostró unas fotos en las que estábamos juntos, agarrados de la mano, abrazados, uniendo nuestros labios, en fin, sólo los dos en todas esas imágenes, ella se emocionaba mucho al ver todo aquello, pero yo no entendía el porqué.

Cuando se fue, ya muy entrada la noche, el hospital estaba casi desierto, no se escucharon otros ruidos mas que los pasos de ella alejándose por el pasillo, yo me quedé mirando nuevamente las paredes, me sentía inquieto, aquella mujer no me inspiraba nada, ni una maldita molestia en mi cerebro, yo seguía igual, pero sinceramente no me preocupaba, encontraba este estado como un paraíso del que no quería salir, no se porqué, pero era así.

Sin embargo, tampoco podía dormir, una inquietud desconocida (como todo lo que me rodeaba) se apoderaba de mi al cerrarlos ojos, bonita broma era esta, de pronto no recordaba cómo se hace para descansar o dormir, o lo que sea, simplemente no lo recordaba, así que solo atiné a mirar el blanco techo de la habitación, tan blanco, como el humo del cigarrillo, recordaba el humo del cigarrillo, hasta recordaba el cigarrillo, no estaba tan idiota al final de todo, pero no era simplemente eso lo que recordaba, veía imágenes indescifrables, como una bruma de niebla espesa (acabo de recordar la niebla), mi cerebro aún está adolorido y parece que no será fácil curarlo.


A eso de las cuatro de la mañana una imagen vino clara a mi memoria, era la cara de ella, de mi esposa, pero no solo fue su cara lo que vi, recordé la casa donde vivo, las personas que viven cerca de allí, algunos amigos, amigas, otras gentes de las que no tengo la menor idea de quienes puedan ser. Todo estaba confuso, eran imágenes superpuestas unas a otras, como una película cortada en momentos intempestivos, donde no sabes cual es el principio y cual es el final, mi cerebro era simplemente un torbellino de ideas sin pies ni cabeza.

Sinceramente no se exactamente que es lo que quiero recordar, tampoco se si quiero recordar algo, me siento tan bien así, demasiado bien. A veces mis manos parecen demasiado viejas, siento que se me hace tarde para ir al colegio, de pronto se que el colegio a quedado atrás hace años, mi conciencia se revela, mi vida aparece muerta con todo esto, sin embargo estoy vivo. Tengo hambre, casi siempre tengo hambre, eso si lo recuerdo, ella también tiene hambre, mis niños también tienen hambre, ¿tengo niños?, ella no los mencionó; es cierto, tengo niños, los recuerdo bien, ¿porque ella no los mencionaría?, ¿será porque no quiere que recuerde que tienen hambre?, vaya estupidez, al final eso siempre se recuerda, ¿dónde estarán mis niños?, ¿porqué no han venido a verme?, son tres, ¿o cuatro?, a pesar de todo mi memoria me falla, ¡maldita sea!, ya estoy harto de todo esto, quiero recordar, quiero saber cómo son sus caras, quiero recordar porque se que todos teníamos hambre siempre, quiero recordar porque estoy yo aquí y porque ella no mencionó a los niños cuando vino, ¿o será ue eso yo no debo saberlo?


¡Dios...!, me siento tan inútil, tan vacío... . No se siquiera que día es, solo la luz fosforescente de las manecillas del reloj que tengo sobre el pequeño velador de al lado de mi cama me muestra la hora. Acaba de sonar un trueno ensordecedor allí afuera, debe ser época de lluvias porque a comenzado una que parece querer limpiarlo todo, empezando con el ventanal del cuarto. La lluvia..., el frío..., ¿porqué me son tan familiares?, ¿porqué siento que es lo que mas he conocido en mi vida?, ¿porqué siento que los odio tanto?, ¿porqué me siento tan bien sin recordar nada?, ¿tienen algo que ver con lo mío?, ¡¿porqué diablos estoy aquí?!, ¡qué sucedió!, nadie ha querido decírmelo y, como siempre, yo no lo recuerdo.

Sin embargo la lluvia parece querer hablarme, el viento golpea mi ventana como si golpeara mi propia conciencia, aquello suena acompasadamente, se parece a la persiana de mi casa, pero no es mi casa, recuerdo ahora al hombre que venía a cobrarnos el alquiler, está mojado, ha venido en la lluvia y está con una bronca que no se la aguanta nadie, lo veo gritando, amenazando con echarme si no le pago todo lo que le debo, los niños lloran, mi mujer le grita, luego me mira y me grita ambién, yo le grito a ella, los niños lloran mas fuerte, el hombre vuelve a amenazarnos y yo le amenazo también, sale de la casa, ¿casa?, pero si es un miserable cuartucho.

Afuera sigue lloviendo y el agua baja como un río por la callejuela, he salido hasta la acera para contestar las amenazas del hombre, no selo que me dice ni se lo que le digo, recuerdo solo que me sentía tan impotente como ahora, y si hoy es porque casi todo se me ha borrado, aquella vez fue porque..., porque..., ¡ya lo se!, porque no tenía trabajo, ¿lo tendré ahora?... Ahora sé porqué siempre teníamos hambre. El viento sigue golpeando la ventana, me duele la cabeza, recordar todo esto casi junto me la ha abierto como un terremoto, ahora estoy tranquilo de nuevo, aunque no puedo dormir.


La lluvia afuera es atroz, la lluvia... ¿porqué me intranquiliza tanto?, aún no lo sé. Los recuerdos vuelven otra vez conmigo parado bajo la lluvia en la puerta de la casucha donde vivíamos los cinco (nuestro cuarto hijo murió hace algún tiempo), estoy completamente empapado, furioso, ni el agua ha podido calmarme, allí están los cuatro, mirándome como si vieran al mismo diablo, mi mujer me vuelve a gritar pero con un miedo que se le sale por los ojos, los niños lloran apretujándose unos a otros y me miran asustados, mi mujer se planta frente mío y me pregunta qué voy a hacer, me grita que los niños tienen hambre, que ella tiene hambre, que los niños están enfermos, que ella está enferma, ¡maldita sea!, ¡yo también tengo hambre!, el ltimo desgraciado no me ha pagado el trabajo que le hice..., ¡de donde! voy a sacar para la comida, para las medicinas, para la escuela, para el imbécil que viene a cobrar el alquiler, ¡de donde!, si no hay un maldito trabajo en esta perra ciudad.

Recuerdo que se golpeó la cabeza contra la pared al caer gracias al golpe que le di, me sentí peor, acababa de hacerle pagar los platos rotos de esta situación, y no se lo merecía, los niños están mas asustados que nunca y hacen lo único que saben, se abrazan a su madre y lloran junto a ella, sólo mi hija mayor me mira, ya no me teme, me odia, sus ojitos reflejan un odio que me traspasa el alma. Acabo por salir de todo ese infierno, la lluvia sigue cayendo fuerte por toda la periferie, la callejuela es un río impasable, pero eso me importa muy poco, termino por caminar igual, el agua barrosa me moja todo, esa inmunda ducha me empapa completamente, algunas piedras me golpean pero no me interesa.


Ya en la acera de enfrente, siento que mi mujer me grita, una, dos, tres veces, acabo por darme la vuelta, aún le sangra la nariz, ha bajado junto conmigo algunos metros pero ella siempre allí enfrente, a pesar de su valentía no va ha arriesgarse poniéndose a mi alcance de nuevo, está por decirme algo pero un trueno increíble la calla, la tierra tiembla como gelatina ajo mis pies, apenas he podido mantenerme en pie, mi mujer allí en frente, se ha caído y el agua la ha arrastrado por entre el barro, se levanta toda mojada y embarrada, la miro y ella me mira asustada, otro trueno vuelve a sonar allí arriba en la punta del cerro, pero no se calla, un murmullo como de millones de voces gritando al mismo tiempo comienza a bajar por el, una masa café incontenible empieza a arrastrarlo todo, se acerca a una velocidad increíble, mi mujer y yo corremos a la casa, maldita agua, no nos deja avanzar, ahora baja barro con piedras, mis piernas están verdes, me duelen, todos en la calle han salido de sus casas al escuchar el murmullo y gritan como locos, tratan de sacar sus cosas, de rescatar un poco de su pobreza, a mi me importa un carajo mi pobreza, quiero a mis hijos, y ellos están allí en mi casa, solos, tengo que llegar como sea, mi mujer apenas puede tenerse en pie, su enfermedad la ha debilitado mucho, no va ha llegar, yo tengo que cruzar este cochino río lo mas rápido que pueda, la mazamorra ya casi ha alcanzado las casas del comienzo de la cuadra, el agua me golpea, miro hacia arriba y solo alcanzo a distinguir una inmensa masa negra que abre su boca y me traga.

Mi cuerpo rueda hacia abajo, siento cómo cientos de piedras me golpean, me cortan, me magullan, oigo el grito de mi mujer y después solo el silencio y la paz. Ahora lo recuerdo todo y ahora se porqué no quería recordar, la lluvia sigue cayendo en la calle, el viento sigue golpeando mi ventana y mientras crece en mi un sentimiento por todos conocido, entiendo porqué mi esposa no me a hablado de los niños.

F I N