La lluvia afuera es atroz, la lluvia... ¿porqué me intranquiliza tanto?, aún no lo sé. Los recuerdos vuelven otra vez conmigo parado bajo la lluvia en la puerta de la casucha donde vivíamos los cinco (nuestro cuarto hijo murió hace algún tiempo), estoy completamente empapado, furioso, ni el agua ha podido calmarme, allí están los cuatro, mirándome como si vieran al mismo diablo, mi mujer me vuelve a gritar pero con un miedo que se le sale por los ojos, los niños lloran apretujándose unos a otros y me miran asustados, mi mujer se planta frente mío y me pregunta qué voy a hacer, me grita que los niños tienen hambre, que ella tiene hambre, que los niños están enfermos, que ella está enferma, ¡maldita sea!, ¡yo también tengo hambre!, el ltimo desgraciado no me ha pagado el trabajo que le hice..., ¡de donde! voy a sacar para la comida, para las medicinas, para la escuela, para el imbécil que viene a cobrar el alquiler, ¡de donde!, si no hay un maldito trabajo en esta perra ciudad.

Recuerdo que se golpeó la cabeza contra la pared al caer gracias al golpe que le di, me sentí peor, acababa de hacerle pagar los platos rotos de esta situación, y no se lo merecía, los niños están mas asustados que nunca y hacen lo único que saben, se abrazan a su madre y lloran junto a ella, sólo mi hija mayor me mira, ya no me teme, me odia, sus ojitos reflejan un odio que me traspasa el alma. Acabo por salir de todo ese infierno, la lluvia sigue cayendo fuerte por toda la periferie, la callejuela es un río impasable, pero eso me importa muy poco, termino por caminar igual, el agua barrosa me moja todo, esa inmunda ducha me empapa completamente, algunas piedras me golpean pero no me interesa.