¡Dios...!, me siento tan inútil, tan vacío... . No se siquiera que día es, solo la luz fosforescente de las manecillas del reloj que tengo sobre el pequeño velador de al lado de mi cama me muestra la hora. Acaba de sonar un trueno ensordecedor allí afuera, debe ser época de lluvias porque a comenzado una que parece querer limpiarlo todo, empezando con el ventanal del cuarto. La lluvia..., el frío..., ¿porqué me son tan familiares?, ¿porqué siento que es lo que mas he conocido en mi vida?, ¿porqué siento que los odio tanto?, ¿porqué me siento tan bien sin recordar nada?, ¿tienen algo que ver con lo mío?, ¡¿porqué diablos estoy aquí?!, ¡qué sucedió!, nadie ha querido decírmelo y, como siempre, yo no lo recuerdo.

Sin embargo la lluvia parece querer hablarme, el viento golpea mi ventana como si golpeara mi propia conciencia, aquello suena acompasadamente, se parece a la persiana de mi casa, pero no es mi casa, recuerdo ahora al hombre que venía a cobrarnos el alquiler, está mojado, ha venido en la lluvia y está con una bronca que no se la aguanta nadie, lo veo gritando, amenazando con echarme si no le pago todo lo que le debo, los niños lloran, mi mujer le grita, luego me mira y me grita ambién, yo le grito a ella, los niños lloran mas fuerte, el hombre vuelve a amenazarnos y yo le amenazo también, sale de la casa, ¿casa?, pero si es un miserable cuartucho.

Afuera sigue lloviendo y el agua baja como un río por la callejuela, he salido hasta la acera para contestar las amenazas del hombre, no selo que me dice ni se lo que le digo, recuerdo solo que me sentía tan impotente como ahora, y si hoy es porque casi todo se me ha borrado, aquella vez fue porque..., porque..., ¡ya lo se!, porque no tenía trabajo, ¿lo tendré ahora?... Ahora sé porqué siempre teníamos hambre. El viento sigue golpeando la ventana, me duele la cabeza, recordar todo esto casi junto me la ha abierto como un terremoto, ahora estoy tranquilo de nuevo, aunque no puedo dormir.