Sábado por la mañana

Remedios había pasado la noche en blanco, dando vueltas a los recuerdos y los momentos vividos con la familia que dejaba atrás en aquella casa. También le preocupaba la incertidumbre de estos momentos, no tenía claro que iba a hacer, ni que sería de ella en las próximas semanas.

Era el momento de abandonar la casa y de tomar conciencia que ella no había representado nada para aquella familia. No había salido nadie a despedirla. Por un lado, debía considerar que era las nueve de la mañana y eso era muy temprano para aquella gente.

Pero… Tal y como sospechaba, la ridiculez de la gratificación monetaria que le había dado la señora, lo decía todo de ellos. Sabía que no aparecería nadie para darle un abrazo y un adiós. Tenía que aprender la lección y en la próxima casa en la que trabajase no debía de involucrase emocionalmente con la familia, simplemente debía ser la chica de la limpieza y nada más.

Remedios abandonó la casa. Una bolsa y una maleta era todo su equipaje. Tomó un taxi y en menos de un cuarto de hora había llegado a la pensión. La habitación no estaría libre hasta el mediodía pero le dejaron depositar el equipaje en la consigna hasta entonces.

Salió decidida a la calle en busca de su futuro, sintiéndose extraña en su propia inseguridad. Compró un periódico local, se sentó en una terraza y se puso a leer los anuncios de la bolsa de trabajo, en compañía de una taza de café con leche bien caliente.

En la sección de la bolsa de trabajo del periódico, sólo había ofertas para gente con estudios universitarios, sobre todo para puestos de informáticos y agentes comerciales. En estas ocasiones, Remedios se lamentaba de no tener estudios, sin embargo, no podía reprochar a su familia el no haberle dado un nivel elevado de formación, ya que nunca había sobrado el dinero en la casa y ella por su parte, tampoco demostró dotes de buena estudiante.

Tras revisar pacientemente cuatro páginas de anuncios, al fin, encontró un anuncio que se ajustaba a lo que ella buscaba:

Ref K-273.14: “Se necesita empleada de hogar, a dedicación completa durante todo el día, se valora experiencia con ancianos. Sueldo a convenir. Telf: 31.415.927“

Continuó buscando con la esperanza de encontrar más oportunidades y no halló nada más.

Parece que lo de encontrar trabajo no lo iba a tener muy fácil. Sólo había encontrado un anuncio que se pudiera ajustar a sus características. Esta falta de oportunidades le preocupaba enormemente.

Aún, a malas, siempre podía limpiar por horas en las casas y porterías. Pero el coste de la pensión era muy alto. Realizando labores de limpieza no iba a poder costearse ese ritmo de gastos. Estos ingresos tampoco serían suficientes para permitirse el lujo de alquilar un piso donde vivir. Como consecuencia de ello, la prioridad era encontrar una casa con dedicación exclusiva, donde poder trabajar y alojarse a la vez. Si no conseguía esto pronto, entonces, habría que valorar otras alternativas, o tal vez, renunciar al sueño de la ciudad y volver al pueblo con sus padres, aunque en este caso no sabía de qué iban a vivir.

Terminó de tomarse el café con leche y se puso en marcha a la búsqueda de un teléfono público desde el que hablar con la intimidad que proporciona el anonimato.

Después de caminar a lo largo de un par de calles, encontró una cabina telefónica. Marcó el número de teléfono del anuncio del periódico y quedó a la escucha. Una voz, procedente de un contestador automático le habló desde el otro lado de la línea: