-Mé vale con el teléfono de la pensión.
-Lo siento, no tengo ni idea de cual es, lo tenía apuntado en un papelito y no lo llevo encima.
-No importa, sólo era una formalidad. Espere un momento que hago la fotocopia de su carnet y se lo devuelvo enseguida.
Remedios se quedó esperando a que volviera la oficinista con su carnet. Aquella entrevista había sido más fácil de lo que pensaba, al fin y al cabo, no era más que una simple conversación. El verdadero examen vendría más tarde, en la casa. Seguramente no sería fácil. La señora había devuelto a las otras dos candidatas y Remedios no estaba segura que ella fuese a encajar.
La oficinista le devolvió el carnet a Remedios. Ella por su parte se despidió cortésmente y salió con paso rápido hacia la dirección que le habían dado, no fuera que hubiese más candidatas al mismo puesto de trabajo en la cola de espera y llegasen antes que ella a la entrevista con la señora.
A veces, Remedios no entendía por qué era tan difícil encontrar trabajo. Para cualquier cosa solicitaban un montón de papeles y estudios. Por ejemplo, sin ir más lejos, seguro que para hacer el trabajo de la oficinista que la acababa de entrevistar, era necesario tener estudios y cumplir un sin fin de requisitos. Cuando en realidad, ese era un trabajo sencillo que ella misma hubiera podido realizar perfectamente. Total, sólo se trataba de hacer siete u ocho preguntas, rellenar un par de impresos, una fotocopia y ¡ya está!. A cobrar un buen sueldo al final de cada mes. La vida era muy injusta y Remedios estaba cansada que se cebara de mala manera con ella.