Se fue hasta la mesa y a una distancia prudencial, permaneció de pie esperando su turno tras una línea amarilla dibujada en el suelo.

La persona que estaba solicitando el trabajo era una mujer de mediana edad. Remedios puso atención a la conversación en un intento de escuchar cómo era aquello de una entrevista de trabajo. Hasta ahora nunca había hecho ninguna. Ella había entrado a trabajar en la casa por medio de un familiar, por lo que no fueron necesarios ni trámites ni entrevistas previas.

Se sintió aliviada al comprobar que aquella mujer hablaba de un trabajo que no era el mismo de Remedios, temía que se le hubiesen adelantado. Aquella mujer hablaba de algo relacionado con productos farmacéuticos o químicos. Por otro lado, las preguntas que hacía la entrevistadora de la mesa, no eran nada fuera de lo normal. Una vez finalizada la entrevista, aquella mujer se levantó y se despidió agradecida. Ahora le tocaba el turno a Remedios.

     -Por favor tome asiento -le indicó la oficinista.

     -¡Buenos días!. Venía por el anuncio de la empleada de hogar -dijo Remedios tomando asiento y mostrando el recorte del anuncio del periódico.

     -¡Ah!. ¡Sí!. Déjeme ver. ¡Ajá!. ¡Aquí lo tengo! –exclamó la oficinista sacando una hoja de papel de entre un montón de hojas apiladas.

     -Se trata de un trabajo de empleada de hogar –remarcó de nuevo Remedios.

     -¿Ya sabe usted que este trabajo es de dedicación completa?. Es decir, que va a alojarse en la casa en la que va a desempeñar su labor.

     -Sí, algo así es lo que estoy buscando. En el otro trabajo que estuve era también así. Aquí traigo las referencias de allí.

     -No, para mí no son necesarias, guárdelas para enseñarlas cuando se las pidan en la casa. Yo no soy la que realiza la selección ni la contratación, nosotros en esta oficina, solamente actuamos como mediadores, cobramos al solicitante una pequeña cantidad de dinero por cada persona que enviamos a entrevistarse.

     -¿Eso qué quiere decir?. ¿Qué yo tengo que pagar dinero? –preguntó un poco extrañada Remedios.

     -No, no, todo lo contrario. Usted no paga nada, quien paga es quien pone el anuncio de trabajo –explicó la oficinista.

     -¡Ya entiendo!.

     -Me comenta usted que tiene experiencia en este tipo de trabajo. ¿Verdad?.

     -Sí, en la casa de donde vengo, trabajaba en las mismas condiciones.

     -Mejor así, puede que esta vez tengamos suerte, porque las dos candidatas que le hemos enviado a esta señora, nos las ha rechazado. Una porque era una descarada y la otra porque era demasiado moderna. A mí personalmente, las dos candidatas me parecieron muy normalitas. Según parece, esa señora es un poco especial. Puede que usted encaje mejor en el perfil que quiere esa señora.

     -¿Qué habría querido decir la oficinista con aquel comentario? -pensó Remedios-. Tal vez ella tenía pinta de recatada o lo que es peor de pueblerina.

     -Aquí tiene las señas de la casa. Espero que tenga usted más suerte que ellas.

Remedios leyó despacio la dirección, pero no tenía ni idea de dónde era.

     -¿Por dónde cae esto? -preguntó Remedios.

     -Esto está muy cerca, aquí mismo –comenzó a explicar la oficinista-. Mire, saliendo de la oficina doble a mano derecha, después en la segunda bocacalle, doble de nuevo a la derecha, luego siga recto hasta encontrar la escultura del General Aguirre, ya verá, es una estatua de un militar montado a caballo. Allí pregunte a alguien porque está muy cerquita, es una calle con caseronas antiguas. ¡No tiene pérdida! –dijo la oficinista finalizando la explicación.

     -¿Ya está todo?. ¿Me puedo marchar? -preguntó ansiosa Remedios.

     -No, todavía no. Necesito una fotocopia de su carnet de identidad y un número de teléfono de contacto dónde se le pueda localizar, es para su ficha personal.

     -Aquí tiene el carnet, pero no tengo ningún número de teléfono donde me podáis llamar porque estoy viviendo en una pensión -se excusaba Remedios.