- …“Le atiende el contestador automático de la empresa Work&Express. Si desea usted solicitar una entrevista para un puesto de trabajo, introduzca el número de referencia del anuncio cuando suene la señal. Por favor, introduzca las cinco cifras del número de referencia del anuncio de trabajo después de sonar la señal. Piiii”
El número es 2_7_3_1_4 -terminó de marcar Remedios. Todos estos cacharros modernos le incomodaban, antes las cosas eran más simples.
-…“Espere por favor” -dijo el contestador.
Transcurrieron unos diez segundos y retornó el mensaje:
-...”Espere por favor”...
El teléfono tragó otra moneda, Remedios comenzaba a impacientarse. Unos segundos más de espera. Otra voz de contestador reanudó la conversación:
- ...“El anuncio seleccionado es… Se necesita empleada de hogar, a dedicación completa durante todo el día, se valora experiencia con ancianos. Sueldo a convenir. Para la entrevista de trabajo debe presentarse el próximo lunes en la calle Trafalgar número 29 de 9:00H a 13:00H“.
El teléfono volvió a tragar otra moneda, ya no le quedaban más. Por suerte, el contenido del mensaje se repetía una y otra vez de una forma continuada, por lo que sólo restaba escucharlo una vez más para asegurarse que había tomado los datos correctamente y ya se podría cortar la comunicación cuando quisiera.
Remedios comprobó los datos, todo parecía correcto, ya sólo quedaba esperar hasta el lunes. Ahora debía ir al mercado, comprar algunas cosas para comer y prepararse para disfrutar de un fin de semana tranquilo y ocioso, ¡cómo hacía tiempo que no tenía!. Si había suerte y encontraba pronto trabajo, no iba a disfrutar de muchos días ociosos en los próximos meses.
Lunes por la mañana.
Tras el lento transcurrir del fin de semana, después de una noche apenas sin dormir por culpa del miedo a permanecer mucho tiempo desempleada, el lunes había amanecido. Un traje oscuro realzaba la esbelta silueta de Remedios. Aparentar fuerza, aparentar educación le brindarían la oportunidad para emplearse. Zapatos pulcros, risa informal, vestir esmerado, referencias anteriores, todo era necesario que estuviera en su punto para dar la imagen que ella deseaba. Necesitaba este trabajo y no podía permitirse el lujo de fallar.
Remedios salió de la pensión con paso firme y decidido. Durante el fin de semana había tenido tiempo de consultar donde era la dirección de la entrevista de trabajo, el lugar quedaba muy cerca de una salida de metro, por lo que tomó este medio de transporte, al fin y al cabo, era más rápido que el taxi y mucho más barato.
Llegó enseguida a la calle de la dirección, todavía no era las nueve de la mañana, faltaban algunos minutos. Al llegar al lugar apreció que se trataba de una agencia de trabajo temporal, en la puerta había una pequeña cola de personas. Remedios se acercó, preguntó y pidió el turno en la cola.
Delante de ella, no había muchas personas, tal vez, unas diez, todas con carpetas con papeles. Ella sólo llevaba el sobre con la carta de referencia que le había dado su antigua señora, pero es que no había más, desde que llegó del pueblo, aquella casa era el único lugar en el cual había trabajado.
No había transcurrido ni diez minutos cuando la fila comenzó a avanzar a buen paso, pronto le tocaría a Remedios, era de las primeras, la cola había crecido y ahora había al menos, otras treinta personas que llegaron después que ella.
“A quien madruga, Dios le ayuda” decía siempre la abuela de Remedios. Un día su abuelo no quería madrugar y Remedios recordaba cómo su abuelo había replicado este dicho diciendo: …“Un señor se levanta temprano por la mañana, va sólo por la calle y encuentra un monedero lleno de billetes, a este hombre madrugador, Dios le había ayudado. Pero no es más verdad que el dueño del monedero era el que más había madrugado, a este buen madrugador, Dios lo había jorobado”. Su abuelo siempre sabía como dar la vuelta a las cosas para que acabaran favoreciéndole a él.
Inmersa en los recuerdos de su infancia, Remedios llegó hasta la puerta. Allí una recepcionista le preguntó por la referencia de su anuncio. Remedios le mostró el recorte del periódico y la recepcionista le indicó la mesa a la que se debía dirigir. En esos momentos, en aquella mesa, estaban atendiendo a otra persona por lo que debería esperar su turno.