Los valores y la moral
Creo que este es el tema más claro de todos. Hoy, no existen. Han destruido los valores ancestrales y culturales a tal punto, que los hemos desechado a favor de los antivalores. Hablemos con ejemplos.
El amor. Bella expresión, hermoso sentimiento, sueño de todo ser humano. Pero ¿en qué se ha convertido? Cuando uno ama, no necesita un “contrato matrimonial”. El que ama a su madre no va a mandarla a una pensión, con la hipócrita excusa de que “ahí la cuidan”. Y mientras el ser que nos dio la vida se destruye física y moralmente en soledad, nosotros vamos de fiesta, hacemos planes para la casa de la que ella es dueña, y prácticamente la desechamos de nuestro diario existir.
Hoy la palabra amor equivale a decir sexo. “Yo te amo, hagamos el amor”. ¡¿Hacer el amor?! ¿Cómo uno “hace” un sentimiento? ¿No les suena un poco hipócrita e ilógico? Es más, los medios nos muestran cómo debemos “hacer el amor”. Según ellos, el sentimiento viene con manual de instrucciones. Han tomado algo sagrado y lo han convertido en producto de mercado, ensuciándolo a tal punto que hoy, el que en verdad profesa este sentimiento, es mirado como loco y la misma sociedad lo aparta de sí misma.
El honor, la compasión y la amistad se han convertido en un antivalor, gracias a los ejemplos que nos dan los políticos corruptos (¡Yo no soy corrupto: nunca he tomado un centavo, nunca he dado puestos por favores, nunca he ocultado mi pasado, nunca he deseado a la mujer del prójimo! Por favor, ¿alguien les cree?), los mismos medios de información masiva (“Señor, ahora que hace un momento su familia fue asesinada ante sus ojos, ¿qué siente?”) y los programas de televisión destructivos como los realities (“Hemos vivido en esta casa durante seis meses, fuimos los mejores amigos. Es cierto, él me ayudó en esa prueba, pero por ese millón de dólares, si tengo que romperle la madre, lo haré.”), entre otros.
La pornografía ya no es mala. Es algo bueno. Se le denomina “vida sexual”. Si, de ahora en adelante, denominaremos a la “mierda”, “miel”, ¿cambiará su sabor o dejará de ser “mierda”?
Hábilmente, los interesados en destruir nuestra moral y valores, nos presentan lo malo bajo una nueva etiqueta, con un eslogan atractivo. Y no solo caemos, sino que nos convertimos en los defensores más fanáticos del término, aunque no logramos explicar ese malestar que siente nuestra alma, cada vez que entramos a hablar del tema.
Y de nuevo, podría sacar un diccionario con todos los antivalores que hoy rigen el mundo, cómo nos manipulan y convierten en verdaderos zombies a merced de la información basura, cuyo resultado es un sinsentido de vida, incomprensión entre los seres humano y un repliegue interno, que nos aísla como individuos libres y nos convierte en un ente que forma parte de una masa, libre de todo pensamiento y sentido común y por ende fácil de manejar y manipular a su antojo.