- ¡Claro! - Exclamó en voz alta. - ¡Claro! - Y se puso a bailar como un loco. - ¡Claro! - Y se sentó en la acerca, incapaz de controlar la risa. - ¡Claro! - Aullaba eufórico, mientras que una multitud lo rodeaba y Juan Carlos trataba de auxiliar a su histérico amigo. - ¡Claro! - Comenzó a calmarse poco a poco, mirando directamente en los ojos de Juan Carlos. - ¡Por Dios, claro! - Y comenzó a reír otra vez.


- "...y comenzó a reír otra vez". - Leyó el maestro y cerró la contraportada. Una risa, como una nube sin invitar, comenzó a formarse en sus labios. Se acomodó las gafas con un movimiento reflejo, cogió el lápiz rojo y después de darle vuelta durante diez minutos, estampó con pulso firme un cinco en la portada y debajo, en letra pequeña un "excelente". Colocó el trabajo calificado en una pila, se levantó y fue a la habitación de su hija, Ella estaba hablando por teléfono entretenida. La miró con cariño durante un momento y luego, con tono firme, pero paternal, le dijo:


- Diana, cuelga ya, es hora de dormir...

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