- Pero su palanca, si acaso, le dejará un seis en el trabajo. A penas para que quede tres en definitiva. Si va conmigo, podrá tener diez en definitiva.


Alejandro vaciló un momento. Dio la vuelta y después de dar unos pasos, encaró a su amigo.


- Ese diez no está garantizado, en cambio mi palanca sí lo está. - Lo miró con un interrogante pintado en la cara. - ¿O es que me equivoco?


- Yo... - Juan Carlos tragó con dificultad. - Yo le prometo que sacaremos ese diez.


- ¿Lo promete? - Ahora, Alejandro lo miraba con incredulidad. - ¿En serio?


- Si. Le prometo que sacaremos ese diez, hermano.


La cara de Alejandro se transformó en un reflejo de felicidad y esperanza imposibles de traducir.


- Confío en usted, hermanito. Vamos a buscar a ese Quijote.


- Vamos. - Le dijo a su amigo Juan Carlos y comenzó a caminar. Cuando Alejandro lo adelantó por unos pasos, murmuró por lo bajo: - Todo sea por ti, Diana. - Y después de jurar por ella, alcanzó a Alejandro.

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