Los dos amigos comenzaron a caminar con determinación pintada en la cara, buscando a un Quijote y ambos pensando en los impulsos que los determinaban a hacerlo y buscarlo, hasta alcanzar su objetivo.
La Avenida Quince, estaba congestionada dado a la hora. Los dos amigos caminaban al lado de Unicentro, buscando a cualquier persona que les pareciera quijotesca. Miraban a lado y lado, desesperados. De repente, una señora que se encontraba frente a ellos esperando que pasara su autobús, lanzó un grito y comenzó a pedir auxilio. Un ladrón le había arrebatado la cartera y estaba corriendo en dirección de nuestros amigos.
Juan Carlos, en un solo momento había tomado su decisión. Con un impulso de sus piernas se lanzó en diagonal, tratando de interceptar al ladrón. Lo derribó, alcanzando a golpear con su hombro el costado del agresor. Ambos rodaron por el pavimento, mientras que la señora corría hacia su maltrecho bolso y Alejandro se quedaba de una sola pieza al ver a su amigo abajo. El ladrón se estaba incorporando y con un rápido movimiento sacó una navaja de su bolsillo. Juan Carlos se encontraba a merced del atracador y cuando todo parecía terminar para nuestro amigo, Alejandro, con un grito de guerra que más parecía un alarido de espanto, golpeó al atracador en la mano, obligándolo a soltar la navaja y derribándolo en el piso de nuevo.
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