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Petra calló definitivamente mientras la noche otoñal disimulaba un par de lágrimas que resbalaban lentamente por sus mejillas.
— ¿No vas a decir nada? —preguntó mientras detenía su marcha.
Juana se detuvo también y miró largamente a su compañera.
— Estas loca, Petra —respondió, inexpresiva, y acto seguido reanudó su camino.
— ¡Espera!
— ¿Qué ocurre ahora?
— ¿Te queda algo de eso que llamas vino en tu cartón?. Creo que hoy sí tomaré un trago.