-Pues… ¡Qué no soy tonto!. ¿O es que piensa que no me iba a dar cuenta?. El motorista que me pidió el paquete en la carretera y el que lo entregó en el restaurante de la cueva, era el mismo individuo con la misma ropa y la misma moto, matrícula incluida. ¿Se piensan que soy imbécil o qué?.


Antonio, aunque enfadado, trataba de reprimirse y ser comedido para no dar una imagen muy brusca y bruta de sí mismo ante las cámaras de televisión, al mismo tiempo, intentaba localizar donde estaban ocultas.


     -Bueno no se enoje. Le rogaría que me devolviese el teléfono y el localizador.


     -Aquí tiene, yo no los quiero para nada. ¿Y el cacharro del coche?.


     -No se preocupe por ése, hace tiempo que no lo lleva.


El inspector se marchó rápidamente sin mediar palabra.


Antonio permaneció durante unos segundos contrariado, esperando que apareciese alguien con un micrófono o un ramo de flores. Miró a su alrededor y nada de nada. ¿Qué era lo que había ocurrido allí?. Estaba perplejo, no entendía la situación.

Al día siguiente, Antonio se levantó con el firme propósito de hacer turismo rural por la serranía. Todo cuando había visto fugazmente el día anterior, más aquello que pudo leer durante la noche, puesto que le costó horrores conciliar el sueño, le convencieron que existía muchas cosas que visitar en aquellos parajes y pueblos de la serranía.


Tenía ganas de sentir la Naturaleza, de ver y tocar un pinsapo, de admirar las simas Gems, Honda, Erótica, de escuchar el silencio sepulcral de los montes pelados y el murmullo bullicioso de los arroyos en mitad de los bosques. Para ello, era necesario visitar los tres Parques Naturales: Los Alcornocales, la Sierra de las Nieves, la Sierra de la Grazalema y recorrer sus rutas de senderos. No podía volver a casa sin haber vivido estas sensaciones.


Durante el resto de la semana estuvo cumpliendo su propósito, yendo cada día de aquí para allá, maravillándose por cada cosa nueva que contemplaba. Tras haber tenido estas experiencias tan gratificantes, ahora sí que podía decir que había valido la pena su estancia allí.

Muy a su pesar, todo llega a su fin. El último día hizo sus maletas temprano, tomó el coche y se dispuso a realizar el trayecto de vuelta a Barcelona. Kilómetro tras kilómetro, cada vez más cerca de su destino y de la vuelta al trabajo con su frenético y agobiante ritmo. Tenía las pilas recargadas, aguantaría hasta el próximo periodo de vacaciones. Mientras tanto, para no perder la ilusión, comenzaría a buscar y seleccionar su siguiente destino natural.


Llegó a Barcelona y acarreó los bultos hasta su apartamento. Cuando abrió la puerta y encendió la luz, se llevó la mayor sorpresa de toda su vida.


¡La vivienda estaba completamente vacía!. No había muebles, ni objetos, es decir, nada, sólo las paredes. Se apoyó en el marco de la puerta maldiciendo al hijo de la mala madre que le había hecho aquello, dio un repaso rápido a la vivienda para asegurarse que no se trataba de un espejismo. ¡No lo era!.


Con desánimo y pesadumbre se marchó a casa de sus padres. Al menos, todavía le quedaba algo bueno, podía contar las cosas maravillosas que había contemplado durante el viaje a Ronda.

 

 

 

 

6.                 Epílogo

 

 

 


Al día siguiente, en la Comisaría de Policía.

 


Antonio se personó en las dependencias policiales para tramitar la correspondiente denuncia de robo en su vivienda. Este trámite era necesario para cobrar el seguro.


     -Hola. Buenos días. Venía a poner una denuncia por un robo.


     -¿De qué se trata en concreto? –le preguntó el policía del mostrador.


     -Ayer volví de vacaciones y me encontré con que mi vivienda estaba completamente vacía, no había nada.


     -Ya veo.... ¿Forzaron la puerta o alguna ventana?.


     -No, todo estaba bien.


     -Ya... ¿Alguien tiene copia de las llaves de su casa?.


     -No, aparte de mi familia, no.