-Dice que ha estado de vacaciones, ¿no habrá dejado las llaves olvidadas en la habitación o descuidadas en algún sitio?.


     -No, sólo se las dejé a la Policía de Málaga para que pusieran un cacharro en mi coche –contestó Antonio con naturalidad.


El policía levantó una ceja en señal que algo no le acababa de sonar muy bien.


     -¿Dice que le ha dejado las llaves de su casa a la Policía, allí donde usted estaba de vacaciones?.


     -Sí, así es –reafirmó Antonio.


     -Buenooooo, ya tenemos otro “buen samaritano”.


     -¡Buen samaritano!. ¿Qué significa eso?.


     -Ahora mismo el inspector Ortiz se lo cuenta. ¡Ortiz! –llamó el policía girándose.


     -¿Sí? –contestó alguien a sus espaldas.


     -Aquí te envío un “buen samaritano”. Por favor, pase y siéntese en aquella mesa, él le atenderá y tramitará su denuncia.


     -Hola. Buenos días.


     -Buenos días, siéntese. Así que un “buen samaritano”. Bien... ¿Dónde ha estado?.


     -En Ronda y sus alrededores.


     -Esta vez ha sido Ronda, han vuelto a cambiar –comentó el policía.


     -Perdone, no quisiera ser descortés pero... ¿Podría explicarme de qué va esto del “buen samaritano”? –preguntó Antonio lleno de curiosidad.


     -Sí, claro que sí. Lo que a usted le ha pasado es un delito muy común y lo denominamos el timo al “buen samaritano”. El engaño consiste en hacer creer a la víctima que está haciendo una buena obra y colaborando con la Policía. Los delincuentes buscan personas que vivan solas, con buen nivel adquisitivo y que estén de vacaciones. De una forma u otra, se las arreglan para obtener las llaves de su vivienda y sacar una copia. Luego mantienen entretenida a la víctima durante dos o tres días, el tiempo necesario para que un camión de mudanzas desvalije y limpie por completo la vivienda del incauto.


     -Todo encaja con mi caso. Lo mío fue colaborar en la entrega del rescate de un secuestro.


     -No es el único. En lo que va de año se han tramitado aproximadamente unas diez denuncias aquí en Barcelona. ¡A saber las que hay en otras ciudades!. Hasta ahora, estos delincuentes sólo habían operado en las poblaciones costeras de Málaga como Torremolinos, Marbella y Estepona. Parece que se van moviendo hacia el interior –dedujo el policía.


     -Bueno, al fin y al cabo, sólo se trataba de cosas materiales –dijo Antonio con resignación-. A mí me había quedado un poco de remordimiento cada vez que me ponía a pensar en cual habría sido el destino de la niña secuestrada. Ese peso, al menos, me lo he quitado de encima. Pero… ¿Para qué quieren los muebles y los enseres?. Son trastos y cosas viejas, alguna de ellas no se podrán ni vender.


     -Eso no les importa, igualmente le sacan partido. Lo que esté nuevo, lo venden. Lo viejo, lo ponen en pisos y apartamentos de alquiler que luego ofrecen como amueblados.


     -Desde luego, si se han tomado tantas molestias será porque les sale rentable la operación.


     -De eso no le quepa duda. Los delincuentes sacan pingües beneficios.


Antonio, cuando salió de la comisaría, iba pensando acerca de esta nueva versión de los acontecimientos. Antes de entrar a hacer la denuncia, tenía motivos para recordar el viaje que hizo a la Serranía de Ronda por la naturaleza y la belleza de los parajes que contempló allí. Después de lo que le acababan de explicar, tras haber sido una ingenua víctima de los avispados delincuentes, jamás en su vida olvidaría las experiencias vividas y las lecciones aprendidas durante su viaje a Ronda.


F I N